Viajando hacia el color

«Cuando vives en blanco y negro, debes coger una maleta para poner sólo lo que más quieres y marcharte lo antes posible a la vida en color».

Eso fue lo que se dijo Sofía una buena mañana, harta de días grises, y no porque fueran lluviosos, si no porque se sentía triste y no sabía como sacudirse la tristeza.

Ella, cuentista empedernida, se sentía poseída por una bruja oscura que le hacía ver el mundo a través de un filtro negativo, aunque bien sabía que no era esa dama negra la que la arrastraba.
«¡Ya basta de poner excusas! -se dijo- Son mis fantasmas de las malas experiencias pasadas, que me hacen vivir anclada en lo que ya no puede cambiarse».

Así que se detuvo a pensar en todo lo que le sobraba -los miedos, las comparaciones, la inseguridad y su falta de experiencia- y lo desechó. Después valoró lo que si tenía -fuerza, inteligencia, decisión, aspiraciones- y lo agitó hasta convertirlo en un sueño.

Cuando hizo las maletas sólo eligió la ropa que mejor le sentaba y a los amigos y gente que quería y merecía la pena conservar, porque de conocidos de mirada falsa o indiferente, no tenía necesidad alguna.

Y ese equipaje, en realidad, no fue para llevarla a un lugar lejano, si no a la decisión férrea de ayudarse a sí misma, con la misma generosidad con que lo había hecho siempre con los demás.

Desde ese mismo día, elegiría con mucho cuidado cada cosa que hacía, porque vivir en un mismo sitio no implica hacer las mismas cosas.

Ella se había propuesto abrir la puerta a nuevas expectativas y descubrimientos, porque hasta en una vida aparentemente gris, se pueden encontrar colores en los que perderse.

Acostarse en la misma cama no significaba conformarse con poca luz y sábanas frías, así que se dedicó a llenar de armonía su habitación, con todo aquello que le reclamase sonrisas, desde la calidez de una preciosa colcha, al aroma de fragantes flores y velas. La convertiría en el refugio perfecto para soñar despierta y dormida.

Que en su ciudad hubiera más días de lluvia que soleados, no tenía porque implicar ausencia de luz o de color. ¡Ya se encargaría ella de pintarse la alegría eligiendo llamativas prendas que la hicieran brillar!

Cuando la vida le trajese un mal día, se regalaría flores, y se apoyaría en las caricias y las buenas palabras de la gente querida.

Y así fue como ese viaje iniciático, a una nueva actitud, la casó con la vida en color que sólo uno puede crearse, porque es buscando dentro de nosotros mismos como encontramos la fuerza para afrontar una existencia llena de altibajos, de momentos oscuros, pero también llena de colores que nos alegran el alma.

Fotografías. Imagen 1 Mujer con maletas Juergen G – Imagen 2 bruja Rondell Melling – Imagen 3-4-5-6-7-8 ilustraciones de JL G – todo a través de Pixabay. Imagen 9 Poema propio – Elena Tur.

¡Hasta el próximo Post!

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