La ventana indiscreta

Como un James Stewart moderno, limitada en una silla de ruedas de forma temporal, observo las diferentes facetas de la vida como vecinos con los que apenas puedo interactuar.

No tengo una cámara con zoom pero si WhatsApp y mucha conciencia por lo que me resulta fácil visualizar al Señor Trabajo, seguir afanoso en otras manos dado que no puedo cumplir con mis tareas.

Veo a una joven y superficial Coquetería sentada frente a su tocador, dando cabezadas. Parece que no le importa demasiado peinarse y ponerse mona, superada por el cansancio.

Observo envidiosa a Doña Gimnasia brincando en su sala, mientras yo siento el trasero como una carpeta tras casi un mes sin caminar.

La Señora Limpieza tiene mucho que hacer y se le acumulan los frentes, haciéndome sentir impotente por no poder ayudarla.

Por suerte, en una de las viviendas de enfrente, gracias a las persianas abiertas de par en par, contemplo la fiesta que ha organizado Doña Amistad. La cosa está de lo más animada y para mí fortuna, algunas de sus invitadas, se escapan en cuanto pueden para venir a verme y contagiarme un poco de su alegría.

Esos vecinos y vecinas metafóricos representan todas esas cosas que quedaron en suspenso por una tonta caída que fue más importante de lo esperado y requirió cirugía con altas dosis de paciencia.

De repente, no importa tanto estar arreglada, las tareas urgentes del trabajo, limpiar la casa, o mantenerme en forma con mis rutinas de ejercicio, porque prima más intentar dormir a pesar de la incómoda postura, aprender a ir sola al baño, no ser demasiado pesada para quienes me cuidan o aguantar el tipo en la rehabilitación para recuperarme lo antes posible.

Sin duda me representa la frase de «solo cuando tienes lo básico cubierto te ocupas de lo accesorio».

Por suerte la faceta de la amistad no ha quedado detenida sino todo lo contrario y he recibido frecuentes visitas que han sido todo un revulsivo en este proceso que aún dura y me ayuda a resistir el envite de otros vecinos indeseables como el desánimo, el cansancio o la preocupación.

Ya se sabe, la «tribu» tiene mucho poder.

A estas alturas, me centro en cada pequeño logro, en el empoderamiento que me transmite mi fisio para aprender movimientos independientes que no precisen de terceros, en distraerme con buenas lecturas, e incluso, a permitirme escribir a un ritmo más lento del habitual -hoy mi primera vez- porque como diría mi sabia mami, aun me queda la mano y la pierna derechas, y puedo hacer muchas cosas con ellas. Y, añado, si Dios quiere, pronto volveré a hacer cosas con las partes lesionadas.

Ante un día negativo, una mala racha, situaciones duras… porque en toda vida se dan, me recuerdo aquello de «Confía. Confía. Confía».

Siempre es bueno ponerse en perspectiva y ver al otro.

Pienso en mi querida prima Fina que lucha por su salud con la ayuda de familiares y amigos y pido por ella y confío en que irá superando este trance. Lo he soñado varias veces y ojalá sea premonitorio. Confío en ello.

Veo lo terrible del terremoto acaecido ayer en Venezuela, con tanta gente damnificada, muertos, heridos o desaparecidos. Es terrible. Espero que reciban toda la ayuda internacional posible de forma urgente.

No sabemos porqué pasa lo que pasa. Tampoco sirve de mucho buscar motivos ni culpables la mayoría de las veces. La vida tiene esto, golpes inesperados, a veces de fortuna y otros de desgracia. Y solo podemos intentar sobrellevarlos lo mejor posible. Ayudándonos unos a otros. Manteniendo la calma en la medida de lo posible para ir superando lo que pueda superarse. Resistiendo a veces. Aprendiendo otras. Porque cuando te enfrentas a pérdidas ves el gran valor de lo que sí tienes.

La gratitud es siempre la mayor medicina. Y la esperanza también, mientras haya vida y se pueda mantener.

Así que amig@s, voy a seguir aquí una temporadita más en mi silla, observando el edificio de enfrente. Veo que han llegado nuevos vecinos. Les haré señales a ver si me hacen una visita.

Doña Creatividad es una mujer bastante peculiar pero desprende energía y buen rollo.

Doña Música es persona de pocas palabras pero veo que su sonido anima o calma según el ritmo del momento.

La Señora Naturaleza tiene su piso como un vergel, y me inspira para volver a cuidar mis plantas que andan un tanto marchitas desde mi caída.

Don Propósito tiene una presencia imponente… intentaré consultarle sobre mis ganas de volver pronto a caminar, saltar y bailar, que sin duda será un objetivo realmente especial.

¿Qué opinais? ¿Pensáis que escucharán mi llamada?

Yo por si acaso gritaré fuerte y sobre todo, les haré sitio en mi mente porque ese dicho wonderfullista de lo que «Crees lo Creas» puede que resulte ser cierto.

Os mando un abrazo.

Elena Tur

4 comentarios en «La ventana indiscreta»

  1. Mi querida amiga tus relatos siempre me emocionan, como Lady Whistledown captas los sentimientos y sentidos de los que te rodean, recupérate pronto…❤️

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