Adelante, bienvenida

Estas son las normas de este Club.

No se exige ir de tiros largos pero sí que te veas con buenos ojos.

No hacen falta tacones porque el fin es que te sientas como en casa.

Se permite ser realista pero es imprescindible aspirar a ser más feliz cada día.

No se precisa traer lectura de casa pero sí que te guste leer y ser curiosa.

¿Cumples los requisitos?.

Si piensas que no, lo lamento pero gracias por haberlo intentado.

Si la respuesta es afirmativa, te insto a poner tu mente -la del bucle y los problemas- en pausa, y a pulsar ON en tu imaginación.

Comenzamos.

Te acabo de invitar a mi casa virtual donde nos reuniremos l@s integrantes del Club periódicamente.

Al final del sendero que atraviesa la arboleda la ves al fondo, antigua pero llena de encanto. Al llegar seguro que te llama la atención la colorista vidriera que te da la bienvenida.

Quizá haya coches aparcados o quizá no, porque, tan solo con la voluntad de estar, aparecerás aquí.

Te veo guapa, te brillan los ojos divertida, porque sabes que estarás entre amigas; puede que ya te estés preguntando para qué os he invitado.

Pues verás, sentirse parte de algo especial, algo que te una a gente como tú, con una filosofía de vida similar, con un carácter positivo y alegre, siempre resulta gustoso, agradable.

Así que transformar un blog de relatos en un Club de Lectura y de Aprendizaje, puede ser un poquito -o un mucho- más atractivo para ti, que lo lees, y para mí, que lo escribo.

Cada una tendrá su vida, pero cuando nos encontremos aquí, será bidireccional -con todas las letras- para, yo lanzarte temas con los que reflexionar, aprender y fantasear; y tú, para participar de ello, quizá dándome nuevas ideas, argumentando a favor o en contra, transmitiendo tu feedback y si de verdad te gusta, espero que recomendando el club a tus amigas para que crezca.

Lo dicho amig@, adelante.

En esta habitación, sorprendentemente se nota una fuerte corriente aunque como verás están las ventanas cerradas.

Además, se escucha repiquetear la lluvia contra los cristales e incluso puedes apreciar el fogonazo de algún que otro rayo a lo lejos. Está cayendo una buena.

Y es que no hace falta estar a la intemperie para atravesar una tormenta.

Los momentos convulsos que atravesamos, los que nos doblegan o bloquean, forman parte de cualquier existencia pero tienen siempre una doble cara.

Su dureza puede derrotarnos o transformarnos. Y a Dios gracias, en la mayoría de ocasiones ocurre lo segundo.

Detente por un momento a reflexionar: seguro que puedes hacer una larga lista de circunstancias a las que te has enfrentado con éxito, aunque fuera necesario tiempo, ayuda y perseverancia para lograrlo.

Los refranes contienen sabiduría y lo de que «tras la tormenta llega la calma» suele ser cierto, aunque haya tormentas que sean huracanes devastadores y la calma requiera construirse desde los cimientos.

¿Acaso eso no dice mucho de ti?

¿Saber lo fuerte que fuiste no te incentiva a seguir adelante con más ganas?

Sin duda, eres capaz de enfrentarte a eso que te asusta.

Y es que la fuerza reside en todo ser humano y como músculo ejercitado en el gimnasio, a medida que vivimos y nos enfrentamos a nuestras tormentas, nuestra resiliencia crece.

Está bien recordárnoslo de cuando en cuando, pero ahora, cierra bien esa puerta y sigue adelante.

Esta Sala resulta sorprendente.

Cual óptica de moda está llena de monturas de mil formas y colores distintos, pero ¡oh sorpresa! aquí no gradúan la vista, pero hay un cartel que reza «lo importante es tu mirada».

Puede que como yo, ya uses gafas y no quieras unas nuevas monturas, incluso puede que sientas que lo importante es ver, no mirar, pero creo que ambas cosas son vitales.

De hecho hay personas invidentes expertas en ver lo invisible, y personas videntes, ciegas ante las maravillas que contemplan.

Y es que la mirada viene condicionada desde la infancia, por todo aquello que te contaron, lo que te enseñaron, lo que viviste, lo que perdiste. Ai igual que la miopía, el astigmatismo u otras dolencias distorsionan lo que vemos, todo aquello que arrastramos también puede hacernos malinterpretar lo que vivimos, incluso el cómo nos vemos en el espejo.

Así que, ¿por qué no elegir unas monturas nuevas y nos autograduamos la forma de mirar la vida, a partir de un mayor autoconocimiento?

La consciencia es vital para corregir las dioptrias de la negatividad.

Quizá eres muy crítica con tu imagen y solo te fijas en tus supuestos defectos. Quizá eres muy exigente con tus hijos o todo lo contrario, demasiado permisiva. Quizá la situación del país te hace vivir en estado alterado según tu color político. Quizá no dedicas más tiempo a aquello que te gusta porque te es más sencillo anestesiarte frente al televisor o haciendo scroll un video tras otro…

En realidad somos conscientes del pie que cojeamos, pero soterramos la voz que nos alerta porque llevamos en piloto automático demasiado tiempo.

Si te paras, si reflexionas, si reconoces, aunque sea puertas hacia adentro, sobre lo que deberías cambiar, seguro que te ahorraría mucho sufrimiento innecesario.

Libérate de los «malos vicios» -paso a paso, porque es cuestión de práctica-, y comenzarás a mejorar tu perspectiva de las cosas.

Y es que no todo es blanco ni negro, hay matices, hay circunstancias, hay un todo, así que no hay porque vivir en estado de encrespamiento o lucha, contra uno mismo o el mundo.

Relajemos la forma de mirar, sin juzgar, sin juzgarnos, compasivos.

Escoge esas gafas de color llamativo que te hacen sentir diferente y que la claridad sea tu consejera. Seguro que encontrarás una nueva salida.

La siguiente puerta se abre con una llave invisible: la gratitud.

Piensas en algo que alegra tu corazón, y de repente, la puerta cede por sí misma, abierta por la fuerza que va ligada al sentimiento de saberse afortunado.

En este lugar se respira en calma, ¿puedes sentirlo?

Inhalas profundamente, con tranquilidad, y exhalas soltando lo que te duele porque sabes que la vida sigue en ti, a pesar de los pesares.

Para vivir con gratitud no implica ponerse en un modo continuo de comparación, porque la vida no es una competición.

A mi me duelen unas cosas y a ti otras.

Duelen las pérdidas, la escasez, la soledad no voluntaria, las injusticias, las guerras, la enfermedad, y sea por el motivo que sea, sin duda todos tenemos derecho a quejarnos en ocasiones, a llorar para aliviar el malestar, a pedir ayuda y buscar consuelo.

Pero como no podemos instalarnos indefinidamente en el purgatorio del dolor, lo ideal es enfocarnos en la gratitud.

Fijémonos en lo que sí tenemos, aquello que nos hizo felices en el pasado, lo que disfrutamos en el presente, lo que nos facilita la vida y tenemos a nuestro alcance, porque así seremos capaces de ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío.

Cierra los ojos un instante y respira consciente.

¿Lo captas? En esta mágica habitación se ve antes lo que tienes que lo que te falta.

Atrapa esa sensación y llévatela contigo antes de seguir curioseando por la casa.

Sigues caminando y de repente oyes la música.

Te llama de forma hipnótica porque su sonido te transporta a otro lugar, otro momento ya lejano… Quizá hace demasiado que no escuchabas esas notas, esa letra. La he elegido especialmente para ti porque sabía que te haría conectar con un «tú anterior».

Déjate llevar y dale un giro: convierte la nostalgia en motor.

Habrás escuchado mil veces hablar del poder sanador de la música. Se emplea en enfermedades como el Alzheimer para traer recuerdos de un pasado feliz a un presente complicado. Y también es popular el refrán de «la música amansa a las fieras», así que cojamos esta herramienta tan poderosa y usémosla a nuestra favor.

Seguro que tienes una -o cien- canciones especiales, que te recargan, que te hacen canturrear, moverte, olvidar los años y llevarte cual máquina del tiempo a otro momento en el que te sentías estupendamente..

Hay tantas cosas que sin darnos cuenta dejamos de hacer como si no tuvieran importancia… pero es que sentirnos bien, ¡importa!

A mí me encantaba bailar pero te vuelves con el paso de los años más formalita y dejas de hacerlo. He comprobado hace poco el poder de esa reconexión con el pasado a través de la música, ya que en el gimnasio al que voy ponen muchas de las canciones que solía bailar con veinte años. Y sin duda, me da mucha energía.

Así que, cual receta del médico, tomemos esa pastilla que nos conecta con ese «yo anterior y feliz» que se movía, bailaba o cantaba.

Tenemos recursos ilimitados y gratuitos para buscar nuestra música favorita: Youtube, Spotify, iTunes… incluso puede que tengas en casa tus Cd’s favoritos, así que lo cierto, es que si no le pones banda sonora a tu vida es porque no quieres.

Haz tu Playlist. Y sigue tu camino.

En la siguiente habitación se practica el «Niksen» ¿te apuntas?

¡Ah! que no sabes lo que es, pues ya te lo cuento. Se trata de una palabra holandesa que significa «no hacer nada» y que se ha convertido en un concepto a tener muy en cuenta para ayudarnos a superar el estrés y el cansancio.

Llevamos tanto tiempo enfocados en la productividad de cualquier tipo -laboral y personal- que en la mayoría de ocasiones no nos permitimos «no hacer» porque cuando estamos en modo contemplativo -por así decirlo- nos viene a visitar más tarde la culpabilidad, con pensamientos del tipo ¡he estado perdiendo el tiempo!

El no hacer nos permite un merecido descanso, pero doy un paso más allá y digo, cuando no hacemos nada de nada -sin móvil cerca, ni libro ni televisión-, pasamos del modo evasión al de introspección. Ese ratito para pensar sobre la vida, filosofar un poco, recordar aquello que necesitamos o deseamos.

Se cuenta que los niños están perdiendo parte de su creatividad porque no les dejamos tiempo para aburrirse. Desde bien pequeños entran en un maratón de actividades añadidas a las horas lectivas, sin olvidar el absorbente mundo tecnológico -véase televisión, consolas y móviles-, y al final poco margen queda para imaginar, jugar y crear. ¡Y es tan necesario!

En la edad adulta ocurre igual.

Si no nos vaciamos no queda espacio para renovarnos. Si no paramos no podemos recargarnos.

Por eso, permitirte cada día aunque sea 5 minutos de Niksen es una sabia decisión.

¿Algunos ejemplos del método?

Sentarnos con un té caliente mirando por la ventana. O tumbarnos -sin dormir- con los ojos cerrados intentando vaciar la mente. O quedarnos quietos contemplado el fluctuar de la llama de una vela. Así de simple.

Seguro que este rato reparador diario nos ayudará a construir una vida más gustosa en la que nos guste estar.

La casa no es tan grande, y por hoy solo queda una puerta más que cruzar…

Se trata de la que te lleva al jardín trasero. Para mí es la más especial de todas. Crúzala antes de marcharte, si te apetece sentir un poco de esa magia que sentías en tu niñez.

Les habían hecho creer que hacerse mayores era lo mejor que podía pasar.

<<De mayor harás lo que quieras, pero ahora tienes que obedecer. De mayor podrás viajar a esos lugares. De mayor podrás comprarte una casa. De mayor llevarás el pelo como quieras. De mayor elegirás en lo que quieres trabajar…>>

Eran muchas las frases que cada niño, cada niña, escuchó en su infancia, haciéndoles ansiar las infinitas posibilidades futuras, pero muy pocas las que les instaban a conservar la magia ligada a su edad, y acabó pasando lo que tenía que pasar.

Crecieron y lo práctico pesó más que lo bonito.

La supervivencia restó méritos a las ilusiones y sueños.

La rapidez pisoteó a la lentitud del presente.

Y a esos niños de entonces, ahora adultos, tan ocupados y cansados como estaban, apenas les quedaba un ligero destello en la mirada, enfrascados en seguir adelante sin detenerse porque cada paso exigía otro, cada objetivo logrado se desdibujaba ante el siguiente, en un caminar continuo que no dejaba espacio para lo «superfluo».

Pero no todo estaba todo perdido.
Todos ellos sin excepción en algún momento vivirían una situación que les sacara del letargo, porque su alma conservaba todavía ese espíritu infantil con el que habían llegado al mundo.

La inocencia de imaginar maravillas, quererlo todo, descubrir la felicidad de las pequeñas cosas.

Buscar la risa. Hacer de la amistad una fuente bienestar. Perseguir la belleza y aplicarla en todo lo que fuera posible. Poner flores, acariciar, decir bonitas palabras, practicar aficiones, hacer del arte un estilo de vida y del ejercicio una medicina. Jugar con la mascota, el nieto o la pareja. Hacerse regalos sin motivo. Darse las gracias y no echarse la culpa. Hacer lo que gusta aunque no sea perfecto. Preferir algo en lugar de nada.

El secreto estaba en dejar de aferrarse a esa seriedad exacerbada que deslucía lo cotidiano y permitirse cada día alguna pequeña locura.

.

«Vivir no es un obligación que cumplir sino algo único e irrepetible que hay que honrar cada día».

Espero que hayas disfrutado de tu estancia en el Club LAVIE y que quieras regresar en un futuro.

Informarte que en cada nueva convocatoria del Club, la versión anterior desaparecerá, algo que de por si les da una valía más simbólica y mágica por lo efímero. ✨Espero que lo conserves en tu memoria!! ❤️

Este formato de página no permite comentarios, pero me encantaría saber qué te ha parecido.

Puedes comentar en la entrada del blog, aquí.

Si quieres apoyarme, puedes hacerlo aquí

¡Gracias y hasta pronto!