La magia dormida
Rosaura era la amabilidad personificada, siempre pendiente de transmitir buenas vibras a su alrededor, precisamente por ello había desarrollado un radar para conectar con personas que estaban necesitadas de cariño, de sonrisas y buenas palabras.
Sin duda, era su esencia misma, ese propósito especial que muchos se pasan toda la vida buscando, y que en su caso apareció ante sus ojos desde que era una niña.
Pero por si no lo sabíais, hasta las personas más positivas llegan a contemplar el lado oscuro de la vida si una etapa difícil resulta demasiado larga, de forma que vaya haciendo mella en el ánimo.

Primero fueron las preocupaciones, después la tristeza que es una emoción tan humana, y paulatinamente comenzó a abandonar aquellos gestos que le hacían tener una mirada especial, siempre en la búsqueda de la belleza de las pequeñas cosas.
Quizá un día, ignoró las flores que habían brotado en su jardín; otro, llevada por urgencias, no se paró a sentir el sol en su piel que siempre le recargaba la energía, y así detalle a detalle, su mirada solo se centró en lo negativo, en la falta, en lo perdido o dañado, y así perdió su brillo y con él, esa aura innata de alegría contagiosa.
Una mañana, en su cotidiana carrera de tareas tuvo una avería en el coche cuando conducía rumbo al trabajo, quedándose parada por una zona especialmente bonita, de casitas bajas con jardin y un paseo arbolado que embellecía el recorrido.

Encendió las luces de emergencia y llamó a la grúa, que según dijeron tardaría alrededor de media hora. Salió a estirar las piernas y como si de un soldado de Buckingham Palace se tratara, anduvo mecánicamente de arriba abajo, sin alejarse de su vehículo.
En su paseo estaba siendo observada por una anciana que, tras la verja sonreía a la espera de poder saludarla y entablar conversación.
>>Buenas, veo que se le ha averiado el coche.
>>Sí, no podía ser más inoportuno con la prisa que tengo…
La señora que bien podía ser una Miss Marple versión española, supo conducir la charla de tal modo que en unas cuantas frases ya le había contado, en qué trabajaba, dónde, cuánto tardaría la grúa e incluso sus angustias más recientes que la mantenían en un estado tan distinto a su estado natural.
Quizá, tal como lo había sido ella misma, la buena mujer era otra especialista en conectar con gente en apuros, necesitada de ánimos y motivación.
>>Creo que aún faltan al menos quince minutos buenos para que llegue la grúa, ¿qué te parece si te sirvo un té en el jardín y, así, vemos el coche?
Asombrada, se vio a sí misma diciendo que sí dócilmente, dándose cuenta de lo mucho que necesitaba su propia medicina. Ser escuchada, ser cuidada, ser animada, por alguien capaz de ver sus necesidades sin tener que mostrar un rol de víctima o quejica.
Ver a los demás de forma empática, calzarse sus zapatos, intuir lo que transmitía una mirada apagada o triste, sin duda era un arte no al alcance de todos.
>>Pasa y me ayudas a sacar las cosas, verás que serán unos minutos bien aprovechados.
Entró en la casa que era tan bonita por dentro como por fuera. Su aspecto antiguo no era descuido sino calor de hogar. Allí lucían flores frescas y volvió a contemplarlas y enamorarse de sus colores. Bellos cuadros, cálidas alfombras, estancias llenas de vida, por más que parecía que la anciana vivía sola.
La luz que tenía esa lugar sin duda era la que le contagiaba su propietaria.
Sacaron una bandeja con una preciosa tetera de porcelana, dos tazas y unas galletitas en un plato para disfrutarlas de forma rápida en un pequeño conjunto de hierro que había en el porche de la casa, y desde el que veían su automóvil parpadeante que informaba de su irregular parada.

>>Querida, te siento triste pero has de recordar que los momentos bajos son inevitables en cualquier vida, y lo único imprescindible para superarlos es ser consciente de que, tan importante como saber dar, es saber recibir.
«No eres débil por apoyarte en los demás, no eres una quejica por confiar tus problemas a quien te quiere, no eres negativa por saber ver la realidad oscura de la existencia, y podrás comenzar a aceptar las cosas que pasan y recuperarte tan pronto equilibres lo negativo y lo positivo. El dar y el recibir. El cuidar sin descuidarte. El amar sin dejar de quererte.»
El sonido de la grúa aproximándose la sacó de su ensueño al escuchar la agradable voz de la mujer.
¿Acaso era posible que toda la vida preocupada en ayudar al prójimo, le hubiera hecho pensar que ella misma era ajena a esa necesidad?
¿Cómo podía dar alguien que se sintiera vacío?
¿Como podría iluminar su entorno un ser apagado?
Sorbió el último traguito de te que le quedaba en la taza, asombrada de aquella avería, de aquel inesperado encuentro, de esa conversación trascendente con una desconocida, como tantas que había llevado ella misma a cabo con personas que buscaban apoyo.
>>No sé cómo agradecerle…

Rosaura ese día llegó tarde al trabajo pero justo a tiempo a su recuperación, porque se permitió necesitar, tomar, pedir aquello que necesitaba para sanar y pudo volver a ser quién había sido desde niña: un ser amable, positivo y amoroso que podía regalar luz a quienes estaban a su alrededor.

Imagen 1Mujer dormida Mindworld – Imagen 2 mujer en la noche Pheladii – Imagen 3 calle arbolada IA for you – Imagen 4 juego de té Jill Wellington – Imagen 5 abrazo Tilixa-summer – Imagen 5 corazones Geralt – todo a través de Pixabay.

Te quiero Rosaura!! Precioso relato
❤️
A really good blog and me back again.
Thank you