Cuentos que cuentan

Era una contadora de cuentos profesional, dedicada a «nomadear» de biblioteca en biblioteca y de librería en librería.

En ocasiones frente a una taza humeante y con una pequeña flor engarzada en el pelo, otras junto a una vieja máquina de escribir que parecía susurrarle palabras al oído. La forma en realidad daba igual, la cuestión es que siempre obtenía la atención de los asistentes, con historias improvisadas llenas de magia, nostalgias y sueños, giros que erizaban la piel o despertaban asombro, finales inesperados tras principios con gancho.

En el tiempo de las redes sociales donde todo se viraliza, la cosa empezó casi como un juego.

Primero alguien la grabó en una plaza rodeada de gente que se había detenido a escucharla. La voz hipnótica no perdía su magia en la grabación y sus palabras e historias corrían como la pólvora por internet. Tiempo más tarde, alguien la llamó para entrevistarla en un programa de la televisión dedicado a la literatura, queriendo saber más de esa cuentista singular. Cuando explicó que jamás repetía historia dejó al presentador boquiabierto.

Sus palabras podrían perderse porque nunca las escribía, pero de hecho no lo hacían.

Los relatos que brotaban en algún lugar en su cabeza, adornados de fantasías y disfrazados de parábola pasaban a ser un mensaje directo para alguien que lo estaba necesitando.

El fin en sí mismo jamás era literario, porque ella poseía un don generoso que podía ayudar, dar calma, claridad o esperanza.

Y así fue como paso de las redes a los medios y de allí a las bibliotecas o librerías. La reclamaban en mil rincones distintos del país. Porque con ella resultaba sencillo que un día cualquiera pasara a convertirse en un día especial.

Escucharla podía parecer como estar en el diván del mejor psicoanalista, ver una luz al final del túnel. Y eso fue lo que le ocurrió a Ana.

Ella se consideraba ya demasiado mayor para todo. Tras un rictus antipático escondía su tristeza porque era más sencillo enmascararla que no admitirla y se había ganado cierta reputación de gruñona entre sus vecinos. Pero era una simple fachada.

Casualmente pasaba frente a la librería del pueblo cuando vio el corrillo de gente frente a su puerta. Se aproximó para descubrir el motivo de tanto alboroto y alguien le comentó que la famosa cuentista estaba allí e iba a contar una de sus mágicas historias. Ajena a su existencia y a ese poder de convocatoria tan llamativo, iba a proseguir con su paseo cuando algo le hizo parar en seco.

Un bonito recuerdo de su infancia, la llevó a una de esas noches en la que su madre le leía algún bonito cuento antes de dormir y se sintió invadida por la añoranza. Se hizo sitio como pudo entre toda aquella gente hasta llegar a ver a la figura calmada que con una mirada amable y casi transparente, observaba a sus impacientes espectadores.

De repente fijó los ojos en ella, antes de sonreír. Ana no lo sabía, pero la cuentista la estaba esperando y ahora sí, podía comenzar su historia.

>>Un día comenzaste a andar por el camino de la vida y en el trayecto, sin darte cuenta, fuiste perdiendo partes de ti hasta convertirte en un todo incompleto. Cuando quisiste recuperar lo perdido miraste atrás, para desandar el camino, pero éste se había borrado porque no estaba hecho sobre tierra sino sobre arena y, el viento, se encargó de desdibujarlo.

Y aunque seguías caminando en apariencia hacia adelante, lo hacías con la cabeza vuelta hacia atrás, buscando una pista, un rastro de donde dejaste esa alegría, esa esperanza, esas ilusiones que apenas recordabas pero que sabes que un día tuviste.

Porque esas faltas dejaron vacíos que ya no sabías cómo llenar y la vida pasó a ser solo una recopilación de tiempo que atravesar hasta que fuera el momento de partir.

Esa es la mentira que te has contado y yo te cuento ahora la verdad.

Te cuento que si ahora mismo fueras a morir te darías cuenta de cuánto quieres vivir.

Si ya no pudieras caminar valorarías cada paso que dabas antes.

Si te robasen por un instante la posibilidad de digerir cuando volvieras a comer entenderías el gozo de satisfacer el hambre.

Si perdieses temporalmente la vista, descubrirías de nuevo la belleza al recuperar la posibilidad de ver la luz y los colores de la vida.

Lo cierto es que al igual que los muebles se llenan de polvo con el paso del tiempo, la vida puede cubrirse de tristeza con los avatares de la vida, y esa capa desluce lo que sí tenemos, lo que sí es positivo, lo que si puede ser maravilloso. Y recobrar ese brillo de la vida no podrás hacerlo desandando el camino, pero cada parte de ti que se pierde debe tener un justo reemplazo hasta que te sientas completa de nuevo.

Si sufriste porque perdiste a alguien querido, poco a poco ese vacío lo llenarás con un recuerdo agradecido por todo lo compartido.

Si te hicieron daño volverás a recobrar la confianza perdida si ese dolor lo transformas en aprendizaje para poner límites y elegir mejor a las personas que te rodean.

Si piensas que la ilusiones solo son para los jóvenes, no olvides el disfrute de tantas cosas que fueron tus alegrías y pueden volver a serlo.

Sin duda, los caminos que andemos seguirán siendo de arena, porque cada día vivido quedará atrás, pero empezará uno nuevo.

¿Qué harás con el tiempo que se te concede?

Permítete recomponer las piezas que te faltan, con ayuda, con amor, de los demás y tuyo propio.

Al igual que tu madre te leía por las noches, recupera esa magia para hablarte cada nuevo día. Eso son los cuentos que cuentan.

Limpia el tarro de la gratitud para que luzca y su fuerza te recomponga, porque solo ella devolverá a tus ojos la mirada infantil de las ilusiones perdidas.

Ana se sintió cercana al llanto, como si la voz que hablaba no fuera de esa mujer desconocida sino la de su añorada madre. Y entonces, sintió la calma y la alegría regresar a su lado. No estaba todo perdido, no todo era tan malo, de hecho, cuán afortunada fue en algunos momentos, y cuánto podía volver a serlo si se lo permitía.

La cuentista tenía razón.

<<La vida no es perfecta pero siempre tiene páginas en blanco para ir escribiendo nuevos capítulos con hermosas palabras. Así iba a hacerlo a partir de entonces y eso era lo que importaba.>>

Fotografías :Imagen 1 libro abierto Alexandra Koch – Imagen 2 mujer biblioteca Olga Volkovitskaya – Imagen 3 mujer con sombrero Sonia Grasses – Imagen 4 mujer girada hacia atrás friday2022 – Imagen 5 corazones Gerd Altmann – Imagen 6 mujer caminando en la playa Pexels – Imagen 7 frasco con luz Amore Seymour a través de Pixabay

¡Hasta el próximo Post!

Elena Tur

8 comentarios en «Cuentos que cuentan»

  1. Precioso relato Elena.Que alegría volverte a encontrar .Siempre me dejas embobada con tus historias.Es un regalo leerte.Mil gracias.Y un abrazo desde Alicante.

  2. This story deeply resonated with me. The message about finding joy in new beginnings and appreciating life’s simple moments is both comforting and inspiring. The author’s gentle reminder to embrace change and cherish our past made me reflect on my own life. A truly heartwarming read.

  3. This story beautifully captures the essence of self-discovery and the power of storytelling. The way the protagonist finds solace in the cuentistas words is heartwarming. It reminds me that even in our darkest moments, theres always hope for renewal and joy. A truly inspiring read!ball brothers

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