Trozos

Y eso que parecía que no iba a llegar, un día ocurre. Aquello que no te iba a faltar, falta.

Mi preciosa mami, mi bebé -como la solía llamar en los últimos tiempos-, ya no está.

Su marcha deja una vacío que casi se puede tocar, que se respira, y al mismo tiempo esa ausencia tan importante se transforma en presencia continua, porque la mente te habla con sus palabras, porque los pensamientos contienen su filosofía, porque su recuerdo ilumina tu oscuridad.

Podría ser este un escrito que fuera homenaje a un ser maravilloso, pero ese lo hice hace unos años, mientras estaba con nosotros, en el Post Todo sobre mi madre.

En su lugar, honro su recuerdo contando -y contándole- que este inmenso dolor por su partida no será derrota sino por encima de todo, gratitud inmensa por haberla tenido tantos años, por haber sido un ejemplo para mí y para quienes la conocieron.

Y la gratitud siempre, siempre, acaba transformando la mirada y ayuda a ver mejor lo que tienes, o lo que te queda, en lugar de quedarte únicamente en lo que perdiste.

Este post habla sobre mí, porque el día que partió sentí que me rompía en muchos trozos, y lo digo así porque pedazos suena más catastrófico y definitivo. Las palabras importan.

Así que ando con un pico y una pala reparando cada lugar de mí que sufre, con paciencia, con mimo, permitiéndome descansar tras una larga carrera de fondo de muchos años en los que me agoté de verdad tanto física como emocionalmente.

Me permito llorar cuando así lo siento, inevitable en un proceso de duelo.

Me permito estar horas con los ojos cerrados sintiendo sobre mi piel el sol que tanto he necesitado estos meses, porque quedaba siempre tapado por las nubes de su sufrimiento.

Me permito sonreír mirando todos esos vídeos que le grabamos convertidos ahora en tesoros, desde los que nos desea «Salud y Alegría» o nos dice que nos quiere mucho a todos.

Me permito, por fin, parar para sanar.

Y así todos esos trozos rotos volverán a su lugar dejando a la vista sus cicatrices pero más hermosos que nunca, como si de Kintsugi se tratara -ese arte japonés que restaura las cerámicas rotas con oro, dejando a la vista la reparación como parte de su belleza-.

Mi oro será todo el amor que recibí de ella, pero también de mis otros ángeles, así como de los que siguen a mi lado: mi familia y amistades más queridas que me arropan.

No puedo volver a ser la que fui, porque cada pérdida nos transforma, pero intentaré ser un poco mejor, más sabia, más paciente, más positiva, más creativa, más espiritual.

En mi proceso hablo mucho con ella, la imagino sentada a mi lado con esa sonrisa que era casa, esa mirada que nos sostenía a todos. Qué valiente fue. Ahora nos toca a nosotros. 🙏

Gracias mami por todo. Te quiero infinito.
SIEMPRE JUNTAS.

Imágenes: Foto 1 madre e hija Chiplanay – Foto 2 Down Rose – Foto 3 corazón roto Matvevna – Foto 4 rostro oro Alana Jordan – Foto 5 mujer acuarela Nanne Tiggelman a través de Pixabay. / Foto 6 Catalina Palerm, mi madre.

Elena Tur

8 comentarios en «Trozos»

  1. Precioso Elena
    Su cuerpo no estará pero su alma siempre en tu corazón y no la conocí pero la viví con vosotros
    Un abrazo inmenso
    Y q esa alegría y ese amor perdure con vosotros siempre q sois muy afortunados.

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