Mensaje de una vida pasada

«¿Será cierto que hemos vivido anteriormente?» – se preguntó.

Llevaba un par de meses teniendo sueños, tan extraños como repetitivos, en los que no solo se sentía completamente distinta a como era, sino que el escenario que habitaba resultaba evocador y algo mágico.

Se encontraba en una magnífica villa, con un aura digna de película, y la sentía como su hogar. De hecho, la recorría de forma consciente, sin sorpresa, conocedora de lo que se escondía tras cada puerta, el contenido de cada mueble, las ropas de calidad que colgaban en su armario… e incluso se había reencontrado con un precioso caballo que recordaba como propio.

Quizá podría atribuir esas escenas a meras representaciones oníricas, pero al despertar conservaba un regusto pintado de añoranza, como si allí hubiera sido muy feliz.

Así que aunque las primeras veces que se soñó en aquel lugar lo atribuyó a sus fantasías inconscientes, la reiteración y sus sensaciones le hicieron hacerse esa pregunta. ¿Acaso eran recuerdos?

Fue en una de aquellas noches, mientras paseaba por los jardines de la finca, cuando se percató de su atronadora soledad, porque siempre que volvía allí no conseguía localizar a ningún otro habitante de la casa. ¿Cómo era que reconocía cada recoveco pero no recordaba con quién convivía en aquel lugar?

Lo cierto es que nunca coincidía con nadie, y sus iniciales impresiones de felicidad comenzaron a tornarse en dudas por si toda aquella apariencia externa de belleza y elegancia, camuflaba un interior abandonado y solitario. Seguramente por eso, a la mañana siguiente, la sensación al despertar resultó menos gratificante que en anteriores ocasiones.

¿Es que había sido una mujer extremadamente sola?

Recordó que le habían hablando una vez de un experto en hipnosis, que solía usarla como herramienta dentro de su terapia; quizá podría ayudarla a desentrañar el misterio de sus sueños inexplicables.

Averiguó dónde tenía su consulta y pidió cita. Meditó bien como expresar su inquietud sin parecer trastornada, ya que posiblemente ese médico no creyese en vidas anteriores y si en traumas no solventados, así que sustituyó sueños por pesadillas, y dudas por angustia, para dar más énfasis a la necesidad de conocer el motivo de su obsesión. Puede que así encontrara respuestas sin perder credibilidad ante la mirada del experto, que la introduciría en los entresijos de su memoria.

El especialista era más joven de lo esperado pero enseguida le inspiró confianza por sus maneras amables y profesionales. Tras escucharla atentamente, aunque en un principio reconoció que no solía recurrir a esa técnica para descifrar sueños, sino que le ayudaba a gestionar hechos traumáticos, aceptó ayudarla, convencido de que encontraría el origen de esos episodios nocturnos.

Todo fue relativamente rápido. Entró en trance sin apenas darse cuenta pero, cuando regresó a su estado de consciencia, no recordaba el qué o de qué habían hablado. Lo sorprendente fue que se sentía en paz pero en cambio, era él quien reflejaba desconcierto.

-Dígame, doctor, ¿qué ha ocurrido? ¿Por qué sueño con esa casa una y otra vez? – le preguntó expectante.

-Verás, ha sido bastante extraño. Lo que soñamos son reflejos tanto de lo racional como lo emocional que, a través de lo onírico, nos dan pistas de cosas que nos preocupan o interesan. En tu caso, a mis diferentes preguntas siempre has contestado lo mismo.- Hizo una especie de mueca, antes de reconocer algo que la dejaría sorprendida y expectante.

Has repetido un mismo mensaje, una y otra vez, insistiéndome en que yo te lo transmitiera a ti. Este es: «Ya viviste teniendo todos los lujos imaginados, pero completamente vacía de sentimientos. Así que aprende la lección que te he recordado. Deja de obsesionarte con lo que no tienes y aprende a ser feliz con el amor que te rodea.»

Fotografías. Imagen 1 rostro mujer Stefan Keller – Imagen 2 mujer junto caballo ImaArtist – Imagen 3 entre jardines Atanas Paskalev – Imagen 4 reloj para hipnosis Gerd Altmann – Imagen 5 navegando en la mente DKunert – Imagen 6 mujer en la playa ThePixelman – todo a través de Pixabay.

¡Hasta el próximo Post!

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