Ansia de vida

Si os digo que el ansia (de vida) es proporcional al disfrute que podéis conseguir, ¿me creeríais?

No es una fórmula matemática, ni tengo pruebas empíricas, más allá de mi propia experiencia, aunque para mí ya sea suficiente.

La apatía que causa una vida monótona, con pocas salidas (o porqué no decirlo, semiconfinada), te puede llevar a una especie de letargo. También la astenia o la tristeza de una situación complicada, pero en la medida que seas capaz de recuperar «las ganas» por lo que perdiste, lo que nunca tuviste, lo que deseas o sueñas, pueden ser las mejores vitaminas que hayas tomado. Todo un revulsivo.

Lo sé: no es fácil, lo reconozco. No hay un hechizo que te devuelva la ilusión, sobretodo si está enterrada bajo toneladas de polvo. Ese que se acumula con los años o los miedos; con las pérdidas o lo que interpretamos como fracasos.

Pero lo de que «no hay nada eterno» también incluye a este tipo de parálisis que puede atraparnos.

En función de la resistencia que ofrezcamos, conseguiremos liberarnos. Sacudamos las alfombras, abramos las ventanas atascadas de nuestra vida, para ventilarla bien con aire fresco que nos limpie y oxigene; dejemos que los rayos de sol nos regalen calidez y unas nuevas vistas nos devuelvan el brillo a la mirada…

Metáforas aparte, si no queremos darnos por muert@s antes de tiempo, comportarnos como zombies que vagan mientras avanzan las manecillas del reloj, rescatemos aquello que nos remueva por dentro.

Da igual si se trata de una lucha reivindicativa, una afición artística, un alma exploradora, el deseo de una nueva pasión o un futuro viaje (porque también volverán, como las golondrinas).

Ponernos las gafas correctas que nos hagan ver lo positivo, aunque no sea siempre color de rosa.

Cuando mi querido hermano aún vivía, pero ya estaba muy enfermo, me dijo «me quedaba tanto por hacer»… Él era demasiado joven para irse, pero independientemente de los años que se viven, la sensación debe ser de que aún faltaba tiempo por vivir y experimentar.

Parece un recuerdo triste (de esos tengo muchos) pero no pretendo que lo sea, porque él, transmitía mil cosas positivas. Fue valiente, procuró siempre tener sentido del humor, disfrutar de las cosas pequeñas: un ratito de sol, un dulce, una buena película, escuchar buena música…; y me enseñó a querer ser mejor de lo que era, cosa que siempre le agradeceré.

Por eso justamente, no olvidemos la suerte que tenemos de seguir viviendo. De poder renovarnos. De soñar. De recuperar el ansia de vivir que es tanto como decir, las ganas de ser felices.

No es una utopía. Los «instantes» felices aparecen inesperadamente ante nuestros ojos, cuando estamos predispuestos a buscarlos.
Un encuentro con amistades. Una merienda en la playa. Un nuevo libro. Una cena especial. Un regalo sorpresa. Una película que nos encantaba y volvemos a ver después de muchos años. Unas flores frescas. Estrenar perfume. Reír a carcajadas. Andar descalzos. Perderse en recuerdos bonitos o crearlos nuevos. Incluso escribir sabiendo que alguien va a leerte… ¡alegría de la buena!.

¡Os animo de corazón a remover las capas de tristeza o apatía (si las tenéis) para recuperar el ansia de vivir!

Fotografías. Imagen 1 niña caminando Denise Husted – Imagen 2 café frente ventana Israelbest – Imagen 3 ventanas abiertas Birgit Böllinger – Imagen 4 gafas rosas Mabel Amber – Imagen 5 mujer descalza Jill Wellington. Todo a través de Pixabay.

¡Hasta el próximo Post!

14 comentarios en «Ansia de vida»

  1. Me encantó tu post. No sólo eso, lo pondré en práctica. Descubrir y disfrutar las pequeñas maravillas de cada día! Gracias Elena por escribir con el alma ❤️

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