Tu lugar en el mundo
¿Tenéis claro cuál es vuestro lugar en el mundo?
Pues aunque la pregunta parezca referirse a una ubicación determinada, más bien me refiero al lugar que ocupamos en la vida que tenemos, porque quienes somos, como nos comportamos, las decisiones que tomamos, sin darnos apenas cuenta, va moldeando la realidad que vivimos.
Más allá del espacio físico que ocupamos, el dónde estamos, hay otro que marca la diferencia, el espacio personal. Esa esencia latente en tu interior. Esa alma inquieta a veces silenciada. Por eso, cuando uno tiene heridas o traumas, vaya a donde vaya, se las lleva consigo. No es el lugar, somos nosotros.
Conviene preguntarnos si lo que mostramos al mundo es nuestra verdad o mas bien vivimos en modo automático sin pensar demasiado porque no sabríamos que acción tomar.
Nuestro lugar en el mundo es una declaración de intenciones pasada a la acción, que nos hace vivir de un modo determinado. A veces como víctimas otras como héroes o heroínas de nuestra historia. A veces como sufridores silenciosos, otras como atrevidos rompedores de convencionalismos.
Nuestro lugar en el mundo viene influenciado por lo que nos enseñaron de niños, lo que observamos a otros y el papel que decidimos tomar, pero ese muchas veces no es el lugar que nos corresponde, tan solo el aprendido.
Y honramos como podemos a quienes nos enseñaron, intentando no transgredir lo que creemos correcto, pero ¿acaso nuestros padres, abuelos o ancestros, tenían la verdad absoluta? No. Nadie la tiene. Cada cual tiene su propia verdad, pero por desgracia no siempre le damos voz.

Si no te sientes del todo bien, pero no puedes hacer unas maletas -metafóricas o reales- para hacer borrón y cuenta nueva, dedícate a conocer tus valores más importantes y hónralos.
Asumamos que, ante las circunstancias dolorosas impuestas por la vida, no queda otra que irlas aceptando, y recordemos el mejor antídoto para hacerla más llevadera: anclarnos a la plenitud que aparece cuando hacemos cosas que amamos, que dulcifican el presente.
Preguntarnos qué es aquello que ilumina nuestra mirada e ir a por ello sustituirá desidia por ganas, quizá no de repente, pero esto es exponencial. A más hagas, más ganas tendrás de seguir haciendo.
En lugar de repetir como un loro mensajes negativos y limitantes tipo «pasó mi tiempo» o»estoy demasiado ocupada», elijamos acción y merecimiento: «voy a anotarlo en mi agenda» o «esta tarde es para mí».

Si amas la naturaleza conecta con ella de algún modo y si es en buena compañía, mucho mejor. Un paseo por el campo. Caminar descalzos por la arena. Un picnic en la hierba…
Hacer «earthing» nos sana. Buscad el concepto y os sorprenderéis de todo lo que aporta al organismo, no es teoría, es ciencia.
Buscar la forma de crear lo que se desea empieza por pequeñas acciones y no porque no vaya a ser perfecto, hay que dejar de intentarlo. Algo siempre es mejor que nada ¡y todo suma!

Si te gustan las casas con encanto, convierte tu hogar en una de ellas.
No hace falta una mansión, tan solo orden, evitar la acumulación hará «crecer» tu casa, ¡qué bien sienta hacer limpieza y deshacerse de tanto exceso! La saturación solo crea ruido visual y mental.
Además, lo importante de un hogar es la calidez y eso se consigue con los detalles: si no tienes vistas al campo pon macetas en tu ventana; si no tienes chimenea que no falten unas velas; si no puedes renovar los muebles, pon un papel pintado bonito; y lo más importante, sé consciente de la fortuna de vivir bajo un techo, tener agua corriente, luz.
Lo más básico es lo más importante.

Si te fascinan las librerías antiguas, o prefieres descubrir nuevas cafeterías, o perderte en tiendas de moda, o visitar museos o galerías de arte… hazlo.
No se trata de modas, de hacer lo que otros digan que hay que hacer, se trata de recordar lo que de verdad apetece y buscar la forma de hacerlo, en la medida que se pueda, recuperando terreno a la dejadez vital que nos marchita.
Si te divierte tirar las cartas o hacer un ritual de buena suerte. Si te gusta celebrar con las amigas una noche de series. Si eres más bien de compartir una tarde de té y pastas como si fueras protagonista de Dowton Abey.
Crea rituales que hablen de ti.

Sea lo que sea, haz de esos momentos algo especial y mágico y si es compartido, mejor que mejor. Y si te apetece a solas, también está genial.
Que no nos amilane que la vida avance deprisa porque podemos ralentizarla un poco si pegamos frenada dedicando tiempo a lo importante.
¿Sabéis cuál es mi lugar en el mundo? Mi declaración de intenciones, el como intento vivir: decidida a crear amabilidad a mi alrededor regalando una sonrisa a quién tengo cerca, siendo buena amiga de mis amigas, honrando a mis padres intentando ser la mejor persona que pueda ser (aunque no implique ser igual a ellos), buscando que la belleza esté presente en mi vida (dibujos, flores, canto de pájaros, velas, música, libros, cafeterías bonitas) y es que la belleza tiene muchas caras…

Y por supuesto, mi lugar en el mundo está hecho de palabras, a veces son lecturas interesantes o que enganchan, pero otras son palabras escritas por mí, da igual si son reflexiones que comparto con quien quiera leerlas o cuentos para pasar un rato entretenido. Todo ello me ayuda a anclarme a la gratitud de estar viva. Aunque no sea un lugar perfecto, es suficiente y es bonito.
Os invito a buscar vuestro lugar y reivindicarlo cuanto sea necesario.
Feliz noviembre.
¡Hasta el próximo Post!

Fantástico
Gracias!!! ❤️