«Relativizar-se» para «Revitalizar-se»
Hola amig@s encant@s, ¿seguís ahí?
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que puede que esta sea solo una conversación conmigo misma, pero igualmente me siento agradecida de poder tenerla.
La vida encantada no debe perderse aunque los tiempos actuales nos confundan. Tanto drama, tanta guerra, tanto escándalo, tanta tensión en el ambiente acaba por afectar de algún modo.
Se activa el modo «supervivencia» ante lo que hay o lo que pueda venir, la preocupación nos ensucia la mirada con manchitas de miedo, restando atención e incluso merecimiento por las cosas bonitas que nos ilusionan o están a nuestro alrededor. Como si ante las dificultades globales no debiéramos permitirnos lo aparentemente superfluo que para nada lo es.

Yo, que siempre abogo por acogernos a la creatividad, a la belleza, a la magia de la vida, también dejo que el tsunami de un año bastante convulso a nivel mundial, me arrastre. Y sin darme cuenta, tomo pequeñas decisiones equivocadas que podrían convertirse en grandes errores. Escribir menos, dibujar menos, leer menos, dedicar menos tiempo a contemplar la belleza y quizá algo más a mirar noticias, hacer foco sobre temas que para nada están en mi mano, poco a poco afectan al ánimo, a las ganas, a esa mirada soñadora que habla mucho de una niña que todavía sueña y vive en mi interior.
Y asumiendo el conjunto con sus dificultades, mis propios dramas y los de tantos, lo efímero y lo eterno, lo que duele y lo que sana, la incertidumbre y la novedad… decido relativizar y relativizar-me porque ni yo ni nadie dura para siempre y mientras nos lamentamos pasa la vida y el permitirlo sin ser conscientes de ella, es en realidad el mayor drama.
En lo que dura una flor, triunfa la belleza.
En lo que dura una risa, triunfa la alegría.
En lo que dura un abrazo, triunfa el amor.
Hay tantas cosas pequeñas pero de valor incalculable, que haciéndome muy consciente de mi pequeñez puedo interpretar la grandeza de todo lo que me rodea. Incluso de aquello que me duele.
Cuánta fortuna en mi familia porque a pesar de que pueda haber diferencias, estamos unidos. Cuánta fortuna en mí por la sabiduría adquirida, aunque sea en ocasiones a bandazos. Cuánta ilusión por recuperar a la niña que que se inventa nuevos escenarios en su vida e historias que sorprenden.
Siendo consciente de que una parte de mí se estaba secando, justo la parte que considero más bonita porque se trata de la energía creadora -energía que no es exclusividad de nadie y nos pertenece a todos-, relativizo y simplemente agradezco cada pequeño milagro.
Cada nuevo día que abro los ojos. Poder andar, ver, comer, sentirme afortunada por lo que sí tengo.
Cuando veo sonreír a mi madre, incluso en su lejanía mental, porque ella que lo olvida todo esto «lo sabe»: percibe mucho amor a su alrededor.
Poder tener a mi hijo conmigo en casa con su forma de ser irrepetible. Sin duda, es alguien único y especial.
En realidad, todos somos únicos, válidos y sobre todo, valiosos.
Hoy de algún modo siento desperezarse esa energía creadora de la que os hablaba antes, estimulada por un evento que viví este pasado viernes y que seguramente ha sido el detonante, porque una buena amiga y mejor persona me invitó a un concierto de cámara en su casa.
El ambiente familiar y acogedor, el lugar en sí, las charlas, la amabilidad de todos los presentes y la maravillosa actuación del pianista Marc Laliga, me transportaron a otro lugar, uno lleno de belleza.


En esa sala tan especial casi me transporté a la Inglaterra victoriana pero también a un campo en plenitud con la alegría de sus colores, viajé en mi imaginación a un lugar donde siempre se está a salvo, porque el alma no corre riesgos donde vive la calma.
Las notas de ese piano como si se tratase del despertador matutino me sacó de mi entumecimiento mental, devolviéndome las ganas de crear algo, por pequeño que fuese. Unas letras, unos trazos en el papel, proyectar futuros viajes… porque el arte llama al arte y una vida abierta a la espontaneidad permite que ocurra la magia.
La Elena que soy ahora es la suma de todas las experiencias vividas, las buenas y las malas. Recupero dos montajes que hice hace mucho tiempo porque son parte de mi energía creadora, antaño más activa, y que me gustaría pensar que más pronto que tarde volverá a estar en forma, aunque sea solo para mí misma.
No se trata de recibir likes sino de darle sentido y chispa a la cotidianidad.


Amigas, relativizaros pero no para quitaros méritos ni ganas, sino para haceros conscientes de lo importante que es aprovechar cada nuevo día y sentir como os revitalizáis con la gratitud de todo lo que aún podéis hacer, sentir y lograr.
Un abrazo encantado.
¡Hasta el próximo Post!

No importa el tiempo que pase, siempre estaré esperando tu post y seguir formando parte de La vida encantada. Gracias por tus sabias e inspiradoras palabras!!
Oh, muchas gracias por seguir ahí. ❤️ Un abrazo.
Mi apreciada Elena, volviendo a leerte me doy cuenta de cuánto he añorado tus “conversaciones” que son en la mayoría de las ocasiones mis propios pensamientos y “sentires” .. aquí seguiré esperando la próxima quedada en tu maravilloso blog
Hola Pepa, me encanta que sean eso, “conversaciones” y leer vuestras opiniones y pensamientos. Nosotras cuando quieras las retomamos. Me alegra que me leas y podamos conectar por aquí. Un abrazo grande!
He visto tu cara y me he lanzado. Cada momentos es diferente… si, se trata de darle sentido y frescura a la cotidianidad. Entre todos podemos construir ante tanta destrucción. La creatividad es una herramienta poderosa que construye una actitud frente a la vida. Encantada de leerte ❤️
Gracias por tu comentario. Así es. ❤️