El país de nunca jamás
¡Hola habitante encantada!
Hacía tiempo que no pasaba por aquí, pero me apetecía compartir contigo unas reflexiones sobre un lugar que he visitado últimamente y que me consta, está bastante concurrido.
Para llegar a él no hay que tomar vuelos ni hacer grandes desplazamientos, porque nos viene de serie y lo tenemos de forma inconsciente ubicado en nuestra cabeza.
El «nunca jamás» es una sentencia que nos damos, cual juez implacable, de lo que ya no podrá ser, de aquello que perdimos para siempre, o lo que no tuvimos, incluso pululan por allí esos sueños no realizados que cambiaron su cara amable por otra de frustración.
Pero como las emociones y las circunstancias llevan a extremos, quería explicarte una evidencia que, de forma empírica, compruebo conmigo misma cuando visito este lugar. Resulta que allí no solo existen barrios pésimos para el estado de ánimo.
He descubierto zonas mejores, donde brotan otro tipo de esperanzas. Eso sí, para que florezcan hay que regarlas con una nueva perspectiva.

Pruébalo por favor; aunque te cueste descubrirás que es un bálsamo sanador.
Y no es que te sane porque solucione lo que es imposible arreglar (la triste realidad es que hay situaciones en las que nada se puede hacer), pero si cambias la perspectiva y te centras en buscar o experimentar algo nuevo, amplías el ancho de banda de tu mirada y por tanto de tu realidad.
Los «nuncajamases» hay que procurar llevarlos a un terreno favorable, sobre todo cuando la vida pone dificultades. Y para ello, ¡qué gran idea dar vida a palabras poderosas que cambien el enfoque y por tanto, la perspectiva!.
En mi país de «nunca jamás» ahora escucho frases como «nunca jamás la pena será para siempre», «nunca jamás dejaré de aprender», «nunca jamás perderé a mi niña interior», «nunca jamás dejaré de buscar motivos para estar agradecida», «nunca jamás renunciaré a ser un poco más feliz»…

O mejor, como «nunca jamás puedes controlarlo todo, simplemente vive lo mejor que puedas».
Ahora que solo estamos las dos, hablando en confianza, te confieso que me asusta ver a mi querida madre cada vez más anciana y débil, y aunque soy consciente de que no puede vivir eternamente, me recuerdo que eso es solo en este plano, porque ella «nunca jamás» me dejará del todo, solo me cuidará desde otro lugar.
Aunque echo de menos a mi hijo que ahora vive en otro país, sé que «nunca jamás» estaremos distanciados porque de hecho hablamos a diario y siento todo su amor por mí y él siente el mío.
Aunque hay momentos en el que algún achaque me cuente que los años pasan, me gusta saber que tomo parte activa en mi salud porque «nunca jamás» me abandono y procuro cuidarme lo mejor posible, haciendo ejercicio, evitando comer porquerías, o cuidando de mis emociones, que es más importante que el mejor suplemento.
Aunque ahora me arrepiento de no haber estudiado para ser ilustradora, disfruto como nunca dibujando y me digo que «nunca jamás» dejaré de intentar aprender y mejorar porque lo cierto es que no siempre lo que más te gusta es tu oficio, pero siempre lo más te gusta ha de ocupar un lugar en la vida que tienes.

Como veis, los nuncajamases pueden ser críticas destructivas o alientos para seguir adelante con confianza.
No se trata de querer conseguir imposibles, se trata de no abandonar aquellos posibles que nos dan calma o bienestar. Es tan equivocado pensar que todo es blanco o negro… en la escala de grises hay sitios para lugares intermedios con experiencias y detalles que enriquecen la vida.
Por eso amiga, si visitas «nunca jamás» que no sea para tirar piedras a tu propio tejado.
Céntrate en lo que sí puedes hacer por ti.
En aquello que puedes mejorar.
En hacerte consciente de tus tesoros.
Siéntete abundante por tener una casa con los metros que tenga y hazla un poco más bonita con los detalles.
Siéntete sana con el cuerpo que tengas e intenta que tu vida no gire en torno a tus dolencias porque las personas somos más que una simple etiqueta.
Siéntete creativa sintiéndote capaz de crear circunstancias nuevas en tu vida que mejoren tu ánimo y energía.

¿Te das cuenta de cuánto poder tienes cuando sales de la parálisis?
Normalmente procuro compartir reflexiones positivas de la vida, porque esa es mi filosofía pero no porque yo lo sea siempre.
Hay momentos tristes, de cansancio, de inactividad porque como ser humano y emocional también me desanimo, me desgano, me canso… y lo acepto desde la amabilidad hacia mí misma, porque hay que escuchar al cuerpo y al corazón: si me pide parar, llorar, enfadarme o simplemente estar, pues paro, lloro, me enfado o solo estoy dónde esté. Solo me dejo ser quien soy sin más presión, atravesando lo que me toque vivir en cada momento.
Pero como sé que esos estados «nunca jamás» duran para siempre, los atravieso lo mejor que puedo y cuando pasan vuelvo a agradecer estar viva, tener a mi familia, tener mi casa, poder moverme, pensar, decidir, recuperar ilusiones o inventar nuevos proyectos.
Recuerda que somos naturaleza, seres vivos cambiantes como las estaciones, en ciertos momento mustios o apagados y después florecidos y luminosos.

Te mando un abrazo virtual.

Gracias por mostrarnos tus «nunca jamas » me anima a buscar los míos
Gracias a ti❤️