De como la vida es una sucesión de túneles

Una vez siendo niña tuve un sueño tan impactante, que todavía hoy lo recuerdo con claridad.

Entraba en un portal que no conocía. El ascensor estaba estropeado y cuando iba a subir por la escalera, desaparecían los escalones haciéndome resbalar y caer, como si se tratara de un tobogán interminable. No vi a dónde me llevaba la caída porque sobresaltada me desperté. Supongo que algo me causaba inseguridad por aquel entonces, desde el punto de vista infantil. Pasó el tiempo y el recuerdo de esa pesadilla quedó para siempre.

Estos días, esas escenas han regresado a mí, ya que la vida se encarga, de cuando en cuando, de hacernos sentir nuestra fragilidad; caemos indefensos ante todo tipo de situaciones.

Porque más allá de un mal sueño puntual, en la realidad, parecemos atravesar una sucesión de túneles, que nos dejan en la más absoluta oscuridad, perdidos o desesperados, para tras más o menos tiempo, volver a mostrarnos esa luz de la salida, que habla de esperanza, de nuevas posibilidades, de aceptación, de futuro, de soluciones o superación.

Este «tremendo» 2020 está lleno de dureza: pérdida de seres queridos, de trabajos, enfermedad, incertidumbre… túneles, de todo tipo.

Pero es que eso es la vida, al fin y al cabo. Hay que ser consciente de su crudeza, para resistir con la mayor fortaleza sin dejarnos engullir en un pozo de depresión y desesperanza.

Mi madre, doña «positiva», como sabéis tiene Alzheimer y la enfermedad evoluciona. Es sumamente frágil, pero en su mundo de miedos y olvidos, aún sonríe a veces, aún disfruta de comer un dulce, de recibir una caricia y tirar besos al aire, quizás a su añorado amor (mi padre), al que sigue esperando cada día.

Ella vive en el pasado pero, más que nadie también, en el ahora, porque lo del momento inmediato es lo que le causa alegría o pena, aunque a los treinta segundos esté olvidado.

Para mí ella es ejemplo como persona; una de esas vidas ejemplares de las que hablaba en mi anterior post.

Cada uno de nosotros, cuando cruza su túnel oscuro, lleno de miedos y tristeza, ha de buscar la luz que no deja de acompañarnos. La que nos nace de dentro, gracias al amor de los que nos rodean, a la amistad verdadera, a la esperanza que nos enseñaron a tener (mañana será otro día), a los detalles, no sin poca importancia, como el tener una casa, comida en el plato cada día, la posibilidad de ir a un médico; y esos otros detalles pequeños pero que nos enriquecen el alma, como la posibilidad de escuchar una música que nos relaje, o dedicar ratos a una afición que nos distraiga y nos haga desconectar de las tensiones del día a día, inevitables.

La vida es oscura y luminosa a la vez. Nos golpea y acaricia. A veces la odiamos o la amamos, pero siempre nos hemos de preguntar cuando nos creemos los seres más desgraciados, si realmente no tenemos nada que agradecer.

Os invito a reflexionar, como hago yo misma estos días, aislada, ¡enferma de coronavirus! (mi familia tampoco se ha librado del odioso bicho).

En mitad de este túnel, me llegan destellos luminosos; pero, ¡ojo!, que tal cosa hay que permitir que ocurra.

Me «obligo» a centrarme en las pequeñas y grandes cosas que me sujetan. El amor de quienes me cuidan, de los que me llaman y animan. El agradecer que siguen cuidando a mi madre, aunque yo no pueda ahora ayudar. El forzarme a percibir los susurros lejanos de mis queridos marinos (padre y hermano). El obligarme a comer para restablecerme a pesar de que no me sepa la comida a nada. A escuchar música bonita en los momentos en que me acosa la ansiedad, o distraerme con una lectura para trasladarme a otro lugar en el que no exista el miedo.

Acompañadme a cazar mariposas, aún cuando también vaguéis por vuestros propios túneles, porque las luces para el alma que nos acompañan en el viaje de la vida, siempre acaban por volver.

Fotografías. Imagen 1 chica sentada Mystic Art Design – Imagen 2 tunel oscuro Free-Photos – Imagen 3 salida luminosa Bruno/Germany – Imagen 4 rosas en la lluvia Chulmin Park – Imagen 5 chica con flores Enrique Meseguer – Imagen 6 niña cazando mariposas Jill Wellington – todo a través de Pixabay.

¡Hasta el próximo Post!

10 comentarios en «De como la vida es una sucesión de túneles»

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