Vivir como forma de arte

Quizá eres de las que dicen no ser creativa, puede que argumentes que aunque te encanta leer o enfrascarte en una buena película tienes escasa imaginación, tal vez no eres dada a hacer manualidades o ni siquiera te consideras una gran cocinera… pero ¡ay amiga!, créeme si te digo que crear forma parte de ti.

De ti, de mí, de todos. Tan solo es que no le prestamos atención.

Creas tu presente con cada decisión que tomas.

Creas tu entorno con lo que eliges tener en él.

Creas tu imagen según como vistes y actúas.

Y sobre todo, creas tu realidad con lo que piensas.

Por ejemplo, para mí, el haber trabajado siempre en oficinas -un trabajo para muchos rutinario y gris- no me impide sentirme artista, porque en lo que trabajo para vivir solo es una pequeña parte de lo que soy. Los humanos somos un todo muy complejo, en el que todo suma, y los distintos roles y personalidades pueden complementarse.

Una jornada entre papeles, cifras y gestiones no impiden buscar los colores y el sentido a la vida.

El ingenio es buscar alternativas y soluciones.

¡Eso es creatividad! Con lo pequeño perfeccionamos el arte de vivir.

Quizá una flor puede alegrar la mesa de trabajo, una música agradable hacer más llevadero el tecleo. Parar para respirar unos minutos y asomarse en búsqueda del azul intenso del cielo invite a soñarse pájaro… y es que, ¡hay tantos mecanismos para que brille lo apagado o adornemos la rutina!

Estos pequeños ejemplos pueden ser cuestión de segundos, percepciones que la mayoría de las veces pasamos por alto y desaprovechamos, pero quién dice que lo pequeño no puede acabar repercutiendo en el ánimo, porque mil detalles, sumados unos a otros, seguro que son capaces de mejorar lo cotidiano, sea en el trabajo o el hogar.

Elijo vivir en color para animar la forma de vestir, para alegrar mi cansada mirada, para adornar lo más sencillo, como el gusto de saborear el café en una taza especial.

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí a compartir reflexiones, tiempo en el que el estrés generalizado -físico, laboral, familiar-, me ha estado venciendo de algún modo pero no me rindo fácilmente.

La mejor medicina es tomar consciencia de que a pesar de las tremendas dificultades de la vida -inevitables-, disponemos de una reserva increíble de resistencia y fortaleza.

Somos poderosos, no por resistir sino por persistir.

Por buscar siempre la luz al final del túnel y las flores que nacen tras el frío invierno. Por ser capaces de reírnos de lo divino y de lo humano, de perseguir la alegría no como quimera, sino como objetivo que se logra aunque haya que inventarla.

Somos una obra en continua evolución, cambiamos de estilo y tendencia según el momento vital y las circunstancias. Somos vida y también esperanza mientras existimos.

¿Habéis oído hablar del Kaizen? Esa filosofía nipona tan sabia te insta a, en lugar de compararte con otros, a mantener un espíritu de mejora continua, y ese es mi reto diario.

Porque a la par que maduro crece mi experiencia. Aprendo y perfecciono mis habilidades, mis aptitudes y actitudes.

Si me siento más cansada de lo normal, me cuido y respeto mis necesidades pero no me abandono, para volver a lucir lo antes posible un yo más descansado y fresco.

Si me siento poco creativa, me nutro con la belleza de letras ajenas, mirando preciosas ilustraciones o disfrutando de un film clásico en blanco y negro, para que con su magia bullan en mí nuevas ideas y recupere más pronto que tarde a la musa que reside en mí.

Y así, con cualquier cosa que atravesamos, incluso cuando se trata de un dolor más intenso, un duelo, una complicada situación familiar, unas dificultades que se hacen cuesta arriba y nos sentimos encallar, en algún momento veremos que, con el transcurrir del tiempo, regresan las ganas de seguir hacia adelante.

Por algo la historia de la humanidad está repleta de historias de superación que nos han de servir como espejo.

No demos nada por perdido.

Creamos a cada instante.

Desde peinarnos distinto a cocinar el pescado con una nueva receta.

Desde aprender a hablarnos diferente para formar una mejor realidad a tomar decisiones atrevidas que nos muestren otro camino.

El poder de creación es infinito, aplicable a todo mientras estamos vivos.

Así que me reitero, si somos conscientes de que todo empieza cada nueva mañana, quizá nos atrevamos a pintar la rutina con los colores de una obra de arte muy singular: la de nuestra propia vida.

Termino con una cita de Ralph Waldo Emerson: <<Lo que dejamos atrás y lo que tenemos por delante son asuntos diminutos comparados con los que tenemos en nuestro interior>>

Por cierto, ahora que os he escrito estas líneas, me siento más cerca de mí misma. 😉

Fotografías: Imagen 1 mujer navegado No_name13 – Imagen 2 mujer en oficina Karolina Grabowska – Imagen 3 mujer abrazándose Rondell Melling – Imagen 4 mujer sentada Bruce Iam – Imagen 5 mujer meditando Shahariar Lenin – Todo a través de Pixabay

¡Hasta el próximo Post!

Elena Tur

12 comentarios en «Vivir como forma de arte»

  1. Elena encantada de volverte a leer.Como me gusta leerte!.Siempre es un placer.Todas las cosas por pequeñas que parezcan ayudan para estar mejor.Mil gracias por recordárnoslo.Un abrazo Elena

Cuéntame tú...