Ilusión: un tesoro en tu interior

«Cuando pierdes la ilusión, cuando ya nada te hace brillar la mirada, cuando poco te emociona e inspira, cuando no eres consciente de lo que de verdad importa, navegas a la deriva por mas que creas controlar tu vida».

Recordaba perfectamente esas palabras de su abuela, siempre pizpireta y positiva, que fueron sentencia al verla naufragar en jornadas maratonianas de trabajo y obligaciones, rechazando oportunidades, intereses o encuentros porque no cabían en su enmarañada agenda.

Y como suele ocurrir, aunque ciertas afirmaciones escuezan y resuenen en el interior, en ocasiones se resta verdad a lo evidente y se escoge mentirse para no romper las estructuras creadas.

Pero ese año, su abuela, tan sabia y querida, se había ido para siempre, dejándole el regalo inesperado de borrar de un plumazo la niebla de una vida con poco sentido: las lágrimas por su pérdida le habían renovado la perspectiva.

Sus palabras resonaban una y otra vez en ella, dichas con ese tono cariñoso y amable que no pretendía herir, sino motivarla al cambio.

Ahora que los cimientos del control se resquebrajaban, podía entender con más claridad que nunca ese mensaje tan cierto para cualquiera y tan comúnmente ignorado.

Quizá podía llegar más lejos si se obsesionaba con rendir y producir (si más lejos hacía referencia al dinero conseguido) pero podía verse atrapada en una vida mucho más pobre de experiencias, de emociones y sueños, porque ningún lujo material podía sustituir a la riqueza de una existencia plena construida sobre lo que de verdad importa.

Decidió dejar de agendar tareas que condensaran el día a día en una carrera alocada, para cederle hueco a los proyectos que anidaban en su interior, fueran escapadas, encuentros, descanso u objetivos que no buscaban fructificar en una cuenta bancaria, pero que si incrementaban su ilusión por vivir más consciente y agradecida.

Sabía que su abuela de algún modo estuvo orgullosa de la mujer activa e independiente en la que se había convertido, pero la sabiduría que poseía, conseguida tras una vida larga y plena, le permitía ver lo que ocultaba tras su mirada apagada o cansada: la curiosidad de la niña que fue, quizá olvidada pero no extinta.

Recordó como entonces se permitía soñar en grande porque la imaginación en la niñez no conoce límites. Pero al crecer, cerró esa puerta como si ya no tuviera sentido el lado mágico de la vida, y tiró la llave, para vivir el día a día en lo práctico, sin percatarse de que, tal cosa, mataba lo especial del ser humano.

Ahora sabía que nunca es tarde para coger el timón y tomar rumbo a la dirección que quieres. No importa si tienes treinta, cincuenta o setenta años, porque, mientras hay tiempo por delante nadie te impide buscar el verdadero tesoro que anida en el interior: la ilusión de vivir cada nuevo día de la forma más feliz posible.

Las obligaciones no han de robarte las ganas, la esperanza, tus sueños; esa es tu conquista.

No hay porque rendirse, de hecho, no hay nada peor que hacerlo.

Rendirse ante las penas como si fueran eternas cuando nada lo es.

Rendirse ante un problema que te obsesiona porque solo escuchas a la mente traicionera, mientras silencias el alma.

Rendirse ante lo que parece la condena de una vida repetitiva y monótona, cuando solo tú puedes poner en ella la diferencia, ese contraste elegido para poner brillo a lo cotidiano.

Trabajar con unas flores frescas en la mesa. Escuchar algo divertido mientras limpias. Proyectar una escapada con amigas. Regalarse un desayuno de lujo a solas en una cafetería bonita. Dedicarle tiempo a quienes quieres. Matar las excusas del «no puedo» y priorizar lo que necesitas para sentirte mejor, como un poco de ejercicio, meditación y paseos en calma. O pintar, o escribir, o cocinar tartas, o hacer punto, o retarte con tener las plantas más hermosas del barrio, o darte un masaje, o sonreír para ti misma, porque sí y porque te quieres.

La vida está llena de cosas, buenas y malas, faenas y alegrías, golpes y esperanzas. Que nunca lo malo anule lo bueno que existe y nos acompaña en el trayecto.

Todas navegamos por nuestro propio bosque encantado, donde habrá sobresaltos y momentos oscuros, en el que nos sentiremos perdidas, pero también es un territorio de abundancia, repleto de la belleza que la vida nos regala.

Recordó de nuevo a su querida abuela con una sonrisa en el rostro, y le dijo en voz alta: «quédate tranquila, he comprendido tu mensaje. Las lágrimas derramadas al perderte han borrado de mi mirada lo superfluo. Mis ojos pueden volver a brillar tal como tú me recordaste.»

Fotografías. Imagen 1 mujer proyectando Carolina Grabowska – Imagen 2 mujer atardecer goodinteractive – Imagen 3 escritora Mohamed Hassan – Imagen 4 niña leyendo Luankblo – Imagen 5 mujer en el bosque Susan Cipriano. Todo a través de Pixabay

¡Hasta el próximo post!

Elena Tur

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