El agua que somos

Curioso que la mayor parte de nuestra cuerpo sea agua, y al igual que el líquido elemento, podamos convertirnos en un tsunami que destruye, o la lluvia que hace brotar la vida.

Somos agua pero, a veces, nos estancamos incapaces de avanzar, como una presa con demasiada presión que al no liberar el exceso puede acabar desbordando. Otras, en cambio, descubrimos el secreto y aprendemos a fluir, como un riachuelo que suena a vida, porque en su interior hay todo un mundo, lleno de colores y magia.

El agua puede ser océano o charca; catarata o lago. Según dónde se encuentra puede ser mansa o fiera, oscura o clara. Tal como nuestras emociones, que bien pueden compararse con el preciado líquido.

Nos transformamos según las circunstancias que vivimos, la mochila que hemos ido llenando desde la más tierna infancia, las vicisitudes o alegrías que encontramos en el camino. Resulta hasta lógico ser volubles y cambiantes, al son de la vida que avanza, pero ¿quién nos impide elegir, qué tipo de agua queremos ser?

No la queramos estancada o turbia, liberemos el exceso de presión cuando veamos que hay peligro de desbordamiento, fluyamos aprendiendo a navegar aun en los trayectos turbulentos, porque cuando dejamos de resistirnos, cuando aceptamos, es más sencillo recobrar las fuerzas y equilibrarnos.

Fluir no es rendirse, es adaptarse al momento, sabiendo cuándo toca surfear las olas o flotar para recuperarnos en un sabio descanso.

Somos agua y gracias al agua se crea vida, y no solo porque hace que existamos sino porque, cuando tiene sentido lo que hacemos, somos capaces de contagiar a nuestro alrededor la claridad del azul más transparente; podemos dar oxigeno a quienes nos acompañan en el trayecto; refrescar a quien se siente decaído recordándole que sumerja las penas entre peces de colores.

Podemos darnos cuenta de que lo que somos merece la pena.

La naturaleza es tan sabia que puede ser nuestra mejor maestra, y observándola, además de proporcionarnos una cura de humildad ante nuestra fragilidad humana, nos muestra paralelismos de los que extraer conclusiones.

Por más que ignoremos lo que nos va a ocurrir a lo largo de la vida, tod@s podemos elegir nuestra actitud ante ella. Recordemos que ese agua que llena e hidrata nuestros órganos, también puede regar de claridad nuestra alma para que también fluya en la vida.

Porque si avanzamos a favor de la corriente, el viaje resultará más placentero.

Fotografías. Imagen 1 pareja en el agua Comfreak – Imagen 2 mujer en playa cristalina Merry Amber – Imagen 3 surf entre tiburones Stefan Keller – Imagen 4 y 5 amigas y mujer en el agua Sasin Tipchai – a través de Pixabay.

¡Hasta el próximo Post!

8 comentarios en «El agua que somos»

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