Dejar de correr para avanzar

Se asomó a la ventana para ver el día que nacía y miró el reloj como a un enemigo al que vencer.

Ya intuía -no había que ser un lince para ello-, que ese día se le haría escaso para todo lo que tenía que hacer. Además, el sueño inacabado de una nueva noche alborotada, le susurraba que soltara lastre, que no pretendiera hacer milagros porque ni era maga ni diosa, pero si persona que necesitaba descanso.

Como los famosos cantos de sirena que tentaban a los marineros, y sin la atadura que ayudó a Ulises a resistirse, la cama le susurraba que durmiera un poco más y algo desanimada, dejó la ropa elegida en una silla para volver a meterse en la cama renunciando a la carrera contrarreloj de la jornada.

El cansancio venció enseguida al remordimiento y se quedó profundamente dormida, como hacía tiempo no le pasaba.

Al principio, cayó en la nada del descanso absoluto: la reparación de la mente y del cuerpo que parecían estar olvidados tras las necesidades de los otros. Al cabo de un rato, entró en ese mundo onírico lleno de sorpresas por el que, si pasas con atención, puedes encontrarte con esa parte oculta que reside en uno mismo.

Como si entrara en un jardín mágico y prohibido, la oscuridad dio paso a una claridad alucinante en el que un verde salpicado de colores, de árboles frutales y plantas en flor, la recibieron en una especie de oasis. Era bellísimo y sobre todo, rezumaba calma.

Contempló su muñeca y no había reloj en ella. Tampoco tenía móvil en el que, acosadoras notificaciones le recordaran todo lo que se estaba perdiendo, todo lo que había anotado en su agenda, todo lo que unos u otros reclamaran ante su ausencia.

Solo silencio

Nada más y nada menos.

En realidad, un todo. Un silencio que no era absoluto, porque se oía el movimiento de algunas hojas con la brisa, el cantar de algunos pájaros, el correr del agua en algún riachuelo cercano o quizá una fuente llena de nenúfares.

Un silencio lleno de belleza porque eran sonidos de calma, no de ruido. Eran acompañamiento, no acoso. Eran espacio no invasión.

Y como si fuera la niña que un día fue, correteó con energía, para descubrir lo más posible de ese lugar mágico tan prometedor, hasta que el paisaje se fue transformando en un bosque más oscuro y frondoso, en el que una figura esbelta, luminosa y etérea parecía estar esperándola. La curiosidad no dejó hueco al miedo, impeliéndola a acercarse a ese ser peculiar.

>>Hola, ¿quién eres?

<<Soy eso que añoras pero tienes olvidado.
A quién más necesitas pero no le dedicas tiempo.
Soy quién guarda la llave de tu felicidad aunque con el ruido de afuera no escuches mi voz.>>

-No te entiendo… casi pareces un hada madrina pero no sabía que existiera tal cosa.

-Es más sencillo pero igual de mágico en realidad, soy tu alma. Sí, tan brillante como me ves, tan serena, llena de una vida que espera ser vivida, pero que permanece oculta porque en realidad, nunca me has buscado, por eso no me ves. Hoy has sido valiente para poner por delante tu descanso, así que por fin puedo explicarte que cada decisión que tomes cuenta. Cada limite que pongas, cada espacio que crees para ti, cada rato que sirva para prestar atención no solo a lo que te rodea sino a ti misma, te ayudará a sentirme, a liberar mi luz, la que llevas dentro pero que permanece apagada hasta que decidas encenderla.

La niña que fue al inicio del sueño, en aquel divertido correteo infantil, se había convertido en una anciana, agotada, desgastada, y con voz temblorosa, le dijo a su alma que no conseguiría hacer tal cosa, porque apenas tenía tiempo en el día a día y se sentía desmotivada.

Pero ella, generosa, con la sabiduría conseguida durante miles de años, la abrazó fuerte, protegiéndola de sí misma, de sus miedos y preocupaciones, prosiguiendo pacientemente con sus explicaciones.

-El cansancio es consecuencia del olvido de lo más básico. La frustración llega por la falta de sentido. Por eso mismo, necesitas mi ayuda. Es urgente que me escuches y tomes acción, para recuperar la alegría y volver a recuperar el brillo que nació contigo.

Ese abrazo reconfortante empezó a darle más y más vitalidad, a regalarle paz interior, a recordarle que, cada pequeña elección contaba para recuperar su vida. Volvió a mirar a su alma, y pudo sentirla como parte de sí misma, recuperarla. Se sintió más descansada, tranquila. Le estaba transmitiendo lo que había perdido por el camino de una vida azarosa.

-Querida yo, deja de correr para avanzar. Ponte a caminar, sin prisa, haz lo que el tiempo te dé de sí pero sin agobiarte, sin castigarte, sin exigirte. Tu cuerpo es humano y limitado, pero en ti hay una vida infinita esperando ser respetada y valorada. Déjala salir a la superficie. En la vida de todos los seres humanos hay cansancio, hay dolor, hay miedos, pero esos no han de convertirse en los protagonistas de cada vida, son una parte pero no hay que darles el poder para que nos dominen.

-Querida yo,

llora si lo necesitas,

descansa cuando lo precises,

trabaja cuando toque,

pero ríete mucho,

vive experiencias que te llenen,

haz aquello que llene tu vida de sentido

y vivirás honrando a tu alma.

Así como suelen ser las salidas de los sueños, de forma rápida despertó a la realidad.

La luz de la mañana entraba radiante por la ventana, dándole a entender aun sin mirar el reloj que se había hecho tarde, pero dejándole sentir que ese descanso añadido, ese tiempo que había dormido de más la había ayudado a sentirse más vital. Y sobre todo, se sentía como si hubiera recibido uno de esos regalos, inesperados, tan valioso que nunca creyó llegar a obtenerlo.

El regalo era haber recuperado la consciencia,

saberse limitada y aceptarlo,

humana y por eso mismo, compasiva consigo misma,

a la vez, eterna y llena de magia interior,

y gracias a ello, poderosa para atreverse a cambiar las cosas.

Se vistió con calma, sabiendo que el mundo no iba a acabarse por un retraso y que, relativizar las cosas, es la mejor manera de avanzar en la vida y conseguir un poco de felicidad.

Fotografías. Imagen 1 mujer entre lavandas de Kat – Imagen 2 flores de Dewdrop157 – Imagen 3 mujer en el bosque Karen Nadine – Imagen 4 mujer con luz Merlin lightpainting – Imagen 5 joven sonriendo Silviarita – Imagen 6 mujer de rojo Cigdem Onur – a través de Pixabay

Queridas lectoras/es, recordad que por mucho que tengamos que hacer en el día a día, no hemos de olvidarnos por el camino, y que cuanto más despacio y presentes vivamos, más avanzaremos.

¡Hasta el próximo Post!

Elena Tur

8 comentarios en «Dejar de correr para avanzar»

  1. Maravilloso mensajeSiempre es una alegría encontrarte y un placer leerte.Creo que es un mensaje tan profundo que todos deberíamos leer.Mil gracias Elena

Cuéntame tú...