De brillos y miserias

¡Cuánto cabe en un ser humano para que, en una misma vida, pueda sentir que toca el cielo o que cae en el infierno! No solo por las circunstancias que le rodean, siempre cambiantes y por supuesto, impredecibles, sino sobre todo, por lo que lleva dentro y que, comienza a construirse desde antes de nacer.

Como explicaba en el relato «Voces» lo que oímos nos condiciona; cómo nos quieren o no; quién nos falla o quién nos apoya siempre… son miles las experiencias que van poniendo capas a nuestra forma de ser. Lo que nos ocurre lo interpretamos desde las creencias adquiridas y a veces nos fustigamos (innecesariamente), y otras nos sentimos seres capaces de cualquier proeza. Son nuestros brillos y miserias.

Pero no olvidemos que conocer nuestras limitaciones no significa estar derrotados.

Las dificultades están y, muchas, pueden superarse. Se convierte en retos que nos motivan a luchar y, al lograrlo, nos impulsan a dar nuevos pasos en otras direcciones.

Y, si no se superan, entendemos que somos humanos. Es cuando aceptamos nuestras carencias cuando aprendemos a querernos de verdad, tal y como somos. Por eso, la gran mayoría de veces vemos más las cualidades en plena madurez que en la juventud.

La psicología positiva del «todo es posible» puede dañarnos, pero el pesimismo de «es una locura intentarlo» mucho más. Probar, se consiga o no, es una actitud que debemos potenciar.

Todo esto que os cuento lo siento como algo muy mío, porque yo pruebo aunque a veces corra a esconderme tras mis vergüenzas. Y cuando me percato de que he dado un pasito más, por pequeño que sea, me recuerdo que he de tenerlo en cuenta en los momentos bajos que a todos nos persiguen.

Lo más importante en la vida es querer aprender, aventurarse a descubrirse uno mismo, buscar buenas razones para levantarse ilusionado, luchar por no caer en tópicos de «no puedo porque soy demasiado mayor, esto o lo otro», ya que básicamente son excusas para no intentar nada, y simplemente dejar pasar los días sin más.

Siempre hay algo que puede removernos por dentro. Algo que vale la pena.

Y ahora… comparto un pequeño relato que viene «muy a cuento».

La caja de los sueños

Había una niña que soñaba mucho hasta que un día se olvidó de soñar.

Quizá porque creció rápido y se llenó de obligaciones. Quizá porque la gente mayor que la rodeaba no lo hacía y creyó, por tanto, que debía ser una pérdida de tiempo.

Ya siendo adulta, se percató de que se sentía tremendamente aburrida, un punto hastiada, un mucho asombrada, porque sabiéndose afortunada en todo lo material, percibía en su interior un vacío, una falta inexplicable de alegría.

¿Cómo podía estar ocurriendo tal cosa?

Su vida social era activa, tenía a su alcance lo que le apetecía -viajes, cenas, compras-; también tenía una familia casi tan perfecta como todo lo demás, pero lo cierto, es que con el transcurrir del tiempo, todos tenían sus propias aspiraciones, y ella, se iba quedando relegada, pero, lo peor, es que una sana envidia le recordaba que no era del todo feliz.

Un día, salió de su casa y comenzó a caminar sin rumbo, hasta que se topó con un opulento escaparate lleno de maravillas. Los ojos se le fueron directos a una preciosa cajita de música que le evocó a una que tuvo siendo pequeña. Había sido un regalo de cumpleaños de sus abuelos y la cuido con cariño hasta que en una mudanza la perdió.

Entró sin dudar a por ella. En la tienda, la dependienta le mostró su delicado interior, en el que una bailarina giraba al compás de una música nostálgica, y al escucharla, no pudo evitar emocionarse al revivir los recuerdos de esa niña que fue: la que adoraba el ballet y era feliz al dejarse llevar. Cuando bailaba, perdía la noción de lo demás, y más allá de sus clases pagadas, danzaba por los rincones de la casa, sintiéndose tan especial como una primera bailarina. ¿Por qué fue que dejó de bailar, si tanto lo amaba?

Entendió que al ir cumpliendo años, acumuló demasiadas tareas, estudios y proyectos; los que se suponía requerían una existencia en la que sentirse realizada. Pero, para ello, aparcó los sueños que no casaban con lograr un oficio o implicaban robarle tiempo al lado práctico de la vida.

Mientras le envolvían la cajita, recordó mucho más de sí misma. Disfrutaba pintando. Disfrutaba escribiendo poemas. Disfrutaba soñando con una vida rica en experiencias, sin importar que fuera más o menos buena en ello.

Y entonces lo supo.

En esa cajita de música se quedaron guardados los sueños de la infancia, los que hacían brillar la mirada.

Cuando salió de la tienda, con su recién adquirido autoregalo en su perfecto envoltorio, se percató de que la vida que merece la pena es la que se crea con retazos de ilusiones.

Ya no sería primera bailarina, pero podía volver a bailar aunque fuera a solas. Quizá no escribiría un libro, pero dejaría sus poemas a sus hijos para que un día los encontraran y supieran de su sensibilidad. No haría una exposición de cuadros, pero podría decorar su casa con su visión particular de la belleza en un lienzo.

Porque lo que ella era no tenía por qué compararlo con nadie, tan solo debía permitirse rescatar a la niña de los ojos alegres. La que nunca se sentía vacía.

Y ahora… abro para vosotros mi cajita de sueños…

Mirando a lo invisible

Siempre hay algo en el otro lado que nos lleva a soñar con él. Quizá se nos fueron seres amados y creemos que nos cuidan allá donde estén. Quizá hemos tenido algún sueño premonitorio o visto alguna señal que nos hizo cambiar una decisión. Quizá nos cuesta creer en que haya algo más, pero nos gustaría. Quizá no pretendemos tal cosa, y solo queremos disfrutar de una lectura que nos abstraiga de la rutina…

Para todo ello, mis 20 relatos de CON VISTAS AL OTRO LADO.

Algun@s ya los tenéis en vuestras manos y me hace feliz. Me encanta la portada ilustrada por Cristina Prado. Contiene un poco de magia y de fantasía, como a mí me gusta. Mucho cariño. Ilusiones y esperanzas a partes iguales. Añoranzas y sueños. Un cóctel hecho de palabras, y que tendrá la guinda perfecta si me contáis que os ha gustado.

¿Cómo podéis conseguirlo?

Si me escribís un mensaje a través de Instagram @la_vida_encantada os diré la forma más sencilla en cada caso.

Yo tengo algunos para enviar dedicados, pero estará en muchas librerías. Si no lo veis expuesto, dado que la primera edición tiene una tirada limitada, lo podéis encargar dando el ISBN de la Editorial Círculo Rojo 978-84-11-11192-8

También a través de este enlace.

Y en un mes o dos, estará disponible el libro digital (os avisaré previamente), sobre todo para quienes estéis fuera de España o simplemente si preferís leer en ebook.

En cualquier caso, gracias por acompañarme en este sueño, en el que mente y corazón trabajan en equipo. 😉

Fotografías. Imagen 1 mujer con sombrero Jill Wellington – Imagen 2 con cesta de flores Jill Wellington – Imagen 3 niña en un prado Jill Wellington – Imagen 4 fotografía antigua mujer Mary Gorobchenko – a través de Pixabay. / Foto 5 Elena Tur con mi nuevo libro.

¡Hasta el próximo Post!

8 comentarios en «De brillos y miserias»

  1. GRACIAS!!!! Por compartir tus historias, ilusiones y sueños…. PRECIOSO libro de relatos, me encanta leerlo y disfrutar, una y otra vez, de mis favoritos.
    Soy FAN absoluta de todo lo que escribes y compartes.
    Me considero súper afortunada y orgullosa de compartir VIDA contigo. TQM
    Marilina

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