Curando la apatía

¿Y si el remedio fuera uno y se llamara arte?

Arte en cualquiera de sus variantes. Sólo hay que buscar el que a uno le despierte el alma del letargo, para que nos incite a reaccionar con asombro, a emocionarnos, cuestionarnos, atrevernos, descubrirnos… Sea como espectador, artífice o ambos, ¿por qué no?

Un buen día me hablaron de un tren enigmático (y no me refiero al relato El tren a ninguna parte), aunque igualmente garantizaba sorpresas porque el destino era un territorio desconocido, así que fui corriendo a por mi billete.

Primero, porque me encanta viajar en tren y, segundo, porque cuando la vida te ha llevado a un lugar en el que campas sin saber bien lo que buscas, te está avisando de que necesitas un revulsivo.

Tras un largo trayecto, divisé un lugar encantador, el que siempre había soñado en mi imaginación: un pueblecito tranquilo con una coqueta casita en la que vivir y, ¡hasta con una bicicleta para dar bucólicos paseos por la zona!

Bueno, en realidad si podía pedir más, porque lo de tener una vida encantadora no basta, si a tu interior le falta la chispa.

Porque, sin duda, los valores que te hacen ser una buena persona son los que hacen que tengas un bello interior, pero el siguiente nivel lo alcanzas al perderte (o reencontrarte, según se mire) en cualquier arte: la literatura, pintura, música, escultura, danza, arquitectura o cine.

Y allí me reencontré con todo eso, porque era aquel un pueblecito de artistas, en el que abundaban autores de todo tipo (escritores, pintores, músicos) y también quienes consumían arte como si fuera la medicina mágica que ayudaba a mitigar las molestias de la vida.

Ni mucho menos era un lugar exento de dificultades (también existía la muerte y la enfermedad), pero quizás la forma de ver la vida influía sobremanera en cómo reaccionar a las vicisitudes que iban surgiendo.

Lo mejor era que con tanta inspiración alrededor, cualquiera se atrevía a lanzarse a hacer sus pinitos artísticos, ya fuera modelando con barro una vasija o atreviéndose con un óleo colorista.

Mi sencilla aportación era llenar páginas con mensajes que distribuía entre mis vecinos y nuevas amistades. Algunos eran poemas, otros pequeños relatos o cualquier otra cosa que surgiera de mi mente hiperactiva.

Nada que ver con mis apocados pensamientos, anteriores a la llegada a ese sitio singular.

Y en fin, esto es todo lo que quería contaros hoy, desde mi pueblecito imaginario de «la vida encantada».
Os animo a “perderos” en el arte para reencontrar ese «yo dormido» que todos llevamos dentro.

Leed mucho, pintad, pasead contemplando la arquitectura local, visitad exposiciones, escribid, cantad, id a espectáculos y conciertos, ved buenas películas, en suma, ¡atreveros a ser un protagonista artístico en la vida y seguro que la apatía quedará desterrada para siempre!

Y sino, siempre podéis sacar un billete para ese tren enigmático y veniros a vivir aquí.

Fotografías – Imagen 1 ilustración chica Susan Cipriano – Imagen 2 chica tren e imagen 5 chica en el campo de Khusen Rustamov – Imagen 4 Fachada casa con bici Free Photos – Imagen 6 máquina escribir Jill Welington – Imagen 7 ilustración chica Art Tower – Imagen 8 figuras setos Chris Flynn – Imagen 9 Chica sobre piano MD Photo – Imagen 10 escribiendo Stock Snap – Imagen 11 chica biblioteca Pexels – a través de Pixabay. / Poemas propios Elena Tur.

¡Hasta el próximo Post!

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