Sobre mi libertad (y la tuya)

Hoy libero a la rebelde que llevo dentro para contaros que tenemos demasiadas ataduras invisibles; esas hechas de etiquetas, miedos o expectativas de los otros, las que nos condicionan y deberíamos romper.

Y es que más allá de responsabilidades ineludibles, nada como la libertad de ser tú mism@.

Es una de las palabras que he elegido para este año (LIBERTAD), porque hay muchas formas de ser presa y muchas de liberarse, y yo cada día aprendo más a soltar y dejarme ser quien soy, sin complejos.

Porque puedo llorar sin sentirme mal por ser demasiado sentida. Puedo reírme por tonterías sin pecar de simple. Puedo disfrutar de pintarme los labios sin creerme superficial. Puedo creer en hadas aunque la infancia esté lejana. Puede gustarme el hecho de envejecer si va ligado a adquirir sabiduría. Puedo conversar con mis fantasmas y no por ello sentirme loca. Puedo escribir sin complejos aunque encuentren defectos a lo que hago. Puedo sentirme arquitecta de mi vida porque la construyo día a día. Puedo ser exploradora sin salir de viaje porque sigo con la mirada abierta a la sorpresa.

Puedo lo que quiera, al igual que tú.

Y ciertamente hay imposibles, no digo que todo lo que quiera pueda conseguirlo, pero sí que soy libre para ser como quiero ser.

Cambiar lo que no me gusta. Aceptar lo que duele y superarlo. Reconstruirme cuando me rompo. Inventar otro sueño cuando uno se frustra. Secarme las lágrimas y volver a reír.

Es lo más bonito de la vida, saber que todo es cambiante y aunque en los períodos buenos, nos asuste pensar en la llegada inevitable de lo malo, la esperanza de nuevos amaneceres y días mejores, nos invita siempre (si le dejamos), a vivir la realidad con un toque de optimismo.

Porque aunque os lo cuento así, conozco bien los dramas personales, las enfermedades, las malas rachas, pero todo ello son piezas de mi ser; esos otros ladrillos que incluso te dan mayor robustez y fuerza.

Es la rueda de la vida: cuando te ataca con un zarpazo puedes odiarla pero aunque lo escuches muy bajito, como un susurro, algo te recuerda que lo bello sigue esperándote para cuando te recuperes.

Así que sea momento de reír o de llorar, no dejemos de ser libres y recordar cada día todo lo que está en nuestra mano. Lo que podemos hacer sin que nadie nos lo impida, la actitud que elegimos, las etiquetas que rompemos, las ataduras que no aportan nada y de las que nos liberamos.

Permitámonos ser libres aun con obligaciones y horarios apretados, porque es la liberación interior la que nos da el privilegio de volar por encima de cadenas. Elijo saber que hay camino que recorrer y muchas formas de andarlo.

Fotografías Imagen 1 mujer en el agua Alexandr Ivanov – Imagen 2 mujer muelle Zigmars Berzins – Imagen 3 puesta de sol Sasin Tipchai – Imagen 4 mujer de espaldas Free-Photos – todo a través de Pixabay.

¡Hasta el próximo Post!

10 comentarios en «Sobre mi libertad (y la tuya)»

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