Del odio al amor, hay cordura.

El grupo de damnificados argüía con pasión las razones de su aversión. Los había de toda edad y condición, pero rascando un poco en las capas más superficiales era fácil captar el dolor que permanecía soterrado en todos ellos.

«Te odio, Navidad, por recordarme lo que perdí o nunca tuve».

Pero no era él un terapeuta que guiase una sesión colectiva, sino un escritor en la presentación de su libro «La infeliz navidad». A sus cincuenta y tantos; siempre bien posicionado en la lista de más vendidos, había pasado de escribir novelas a aventurarse en un intimista ensayo sobre la vida, enfocada a partir de lo que representaba en nuestra cultura la navidad.

Y allí, en los grandes almacenes donde firmaría ejemplares, había arrancado un inesperado coloquio entre los que esperaban su dedicatoria. Aunque su tarea era promocionar la venta del libro, no pudo evitar abstraerse de su misión e involucrarse en las conversaciones de los asistentes, relatándoles algo muy personal.

«Yo pensaba exactamente igual que muchos de vosotros, hasta que comprendí que, a cualquier cosa de la vida, incluso a las emociones negativas que provocan estas fiestas, podemos darles la vuelta».

He vivido con la amargura en mi interior desde que recuerdo. Mis padres murieron en un accidente, siendo yo niño, y pasé de mano en mano, entre centros y padres de acogida, hasta que encontré una familia. Y la verdad, tuve suerte porque es una buena familia, pero para entonces yo había perdido la ilusión por el camino, de manos de la emoción más tóxica.
Así que desde que recuerdo, he odiado la Navidad.

«Esas bulliciosas reuniones familiares; las luces que engalanan las calles; cuando resuenan las notas de un villancico que te devuelve a la infancia… todo, parece acrecentar ese vacío que no quieres ver, pero conoces tan bien. Pero lo más grave, es que el dolor pueden acabar bloqueándonos los buenos recuerdos, y ese olvido es tanto como darse por vencido».

Todos le escuchaban con interés, agradeciéndole su cordialidad al participar en la animada charla que, para preocupación de los organizadores, había desembocado en auditorio improvisado, con un nutrido número de personas rodeando la mesa para no perderse detalle.

«Veréis, mi concepto del odio navideño se transformó en amor, tras un sueño».
En él, volvía a tener nueve años y correteaba hacia mi casa. Estaba vacía de voces y presencias, aunque la calidez del hogar permanecía en los detalles: el olor a café recién hecho, el fuego crepitando en la chimenea, las canciones favoritas de mi madre sonando en un viejo transistor… Parecía que en cualquier momento, ella aparecería con su radiante sonrisa; o escucharía el sonido de las hojas del periódico al doblarse, cuando mi padre acabara su lectura. Eran recuerdos dormidos que venían a visitarme.

Pero lo más emocionante fue la siguiente escena en la que mi corazón volvió a ser infantil, como cuando la inocencia te cuenta que nada malo ha de pasarte. Al salir de casa les vi a lo lejos, extrañamente sentados sobre una abultada maleta. Mi padre, como siempre, leyendo, y a su lado, ella, que me observaba con expresión apenada.

«Hola pequeño, hemos venido a traerte algo – afirmó intrigante -. Sé que nos fuimos muy pronto. No tuviste suerte en la etapa más importante, pero en la vida hay que aferrarse a los tesoros, no olvidarlos ni dejar que se conviertan en la excusa de un enfado infinito».

Esa voz amada, tan lejana, me aleccionaba una vez más, recordándome que la amargura es un pozo del que hay que querer salir.

Mis padres se levantaron y abrieron la maleta que resultó estar llena de recuerdos olvidados. Eran frágiles, como plumas, y los veía volar directos a mi corazón, en forma de imágenes, charlas, abrazos, risas, juegos y toda esa ilusión que perdí por el camino, y que el odio por sentirme tan solo, bloqueó tras la cortina del olvido.

«Quizás parece algo simple. Fue tan sólo un sueño, ¿no? – dijo recorriendo pausadamente con la mirada a quienes le contemplaban extrañados -. Pero lo cierto es que casi lo sentí como real, porque las sabias palabras de mi madre onírica dieron en la diana de mi amargura, derritiéndola como si fuera hielo puesto al sol estival».

El autor notó cierta desazón en quienes iban a por su libro como base para su argumentario contra la navidad (esas fiestas ñoñas llenas de compromisos y gastos), porque de repente les sugería que la felicidad o infelicidad de las fiestas, radicaba en uno mismo, en la filosofía de vida que tuviera, en como afrontaba sus ausencias y desdichas.

«No os digo ni mucho menos que esté a favor de las navidades comerciales que pretenden engullirnos, sino que analicéis el sentimiento que os embarga en estas fechas, para darle la vuelta. Aprender a mirar la vida de otro modo, como un viaje, en el que vamos cambiando de estación. Para evitar el dolor, no cerréis la puerta a la evocación de las fiestas alegres que permanecen en vuestro lado nostálgico. Haced presentes a los seres queridos que se fueron, honradlos con el amor que perdura más allá del tiempo, porque aunque no estén físicamente, siguen en vuestro corazón. O quienes no tuvisteis nunca tal cosa, atreveros a crearlo desde cero. Somos una obra inacabada, y como afrontamos los giros que nos da la vida, es algo que está en nuestras propias manos».

Podía percibir murmuraciones variopintas por sus palabras, pero a pesar del chasco que se estaban llevando algunos de los presentes, parecían decididos a adquirir un ejemplar de su libro, con dedicatoria incluida, por lo que en pocos minutos, la deshecha fila, recobró su aspecto anterior.

El autor, satisfecho, pensó que aún sin convencimiento, tal vez le dieran una segunda oportunidad a la «infeliz navidad», para que algún día volviera a convertirse en feliz. Quizás con muchas dosis de cordura para atreverse a analizar cada uno su propio vacío; afrontando que, a pesar de que el dolor cuando se sufre se siente como eterno, se acaba apaciguando, y lo que realmente no termina nunca es el amor, que puede volver a ser honrado cada año con su recuerdo.

Fotografías. Imagen 1 Estrellas Couleur – Imagen 2 bolas de navidad Svetlanabar – Imagen 3 hombre Szilárd Szabó – Imagen 4 casa 1778011 – Imagen 5 pareja sobre maleta Pexels – Imagen 6 pies frente chimenea S-wloczykz – Imagen 7 pareja en la nieve Free-Photos – Imagen 8 brindis Bob Dmyt. A través de Pixabay.

¡Feliz 2021!

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