De como encontrarse con la magia era volver a la vida

¿Quién no ha oído contar alguna vez una historia inexplicable?, casi todos, aunque haya gente reacia a creerlas.

Algo así le ocurría a Teresa, una preciosa joven que tras una vida aparentemente agradable escondía un interior desolado.

Sus formas adustas se debían a una infancia con carencias afectivas en la que, sin cariño en su entorno ni palabras amables que le hablaran de la bondad de las personas, perdió su lado sensible.

Por si fuera poco, esa tristeza le borró la capacidad para creer en la fantasía convirtiéndola en escéptica ante lo indemostrable.

Creció sintiéndose perdida entre enemigos, y no supo recomponer el vacío que sentía, como si la oscuridad le hubiese devorado cualquier atisbo de esperanza.

Suplió los sentimientos más profundos con autosuficiencia; la alegría con inteligencia, que de ambas cosas andaba sobrada. De hecho, llegó a dominar cuatro idiomas, lo que le abrió muchas puertas para viajar y encontrar trabajo con relativa facilidad.

Se sentía una especie de nómada, sin ataduras ni necesidad de arraigo, y por eso, cada cierto tiempo empezaba de cero.

Quiso el destino que en su deambular por el mundo cayese en una localidad pequeña pero en desarrollo, y por tanto, con buenas oportunidades.

La contrataron como profesora de idiomas en la mayor academia del lugar, en la que le pagaban un sueldo aceptable; y como el nivel de vida no era alto, le daba margen de ahorro para cuando le apeteciera volar de allí.

Un día, una pequeña tienda captó su atención.
Era muy antigua, y en su atestado escaparate se podía ver un batiburrillo de objetos de lo más dispares, algunos nuevos y otros en cambio, verdaderas reliquias: desde ropa a instrumentos, adornos, libros, bisutería, porcelanas…

Entrar en ella era como destapar una caja de sorpresas, tal vez un pelín estresante, por el abarrotamiento de artículos en estantes y mesas, pero había que reconocer que no le faltaba encanto al pequeño local.

La propietaria era una mujer entrada en años, que resultó ser encantadora, con la inconveniencia de que hablaba por los codos.

Tras curiosear un buen rato, y aguantar la animada cháchara, decidió comprar algo. Iba a elegir una antigua edición de un libro, pero la señora, poco práctica para los intereses de su negocio, insistió en prestarle otro libro que precisamente no estaba en venta.

«¿Es de algún autor conocido?», le preguntó.

La propietaria sonrió al afirmar que dudaba que lo conociera, porque sólo existía ese ejemplar. «Es mi mayor tesoro, por eso no lo vendo», afirmó. «Se dice que su autor vivió hace mucho en este pueblo, aunque si te soy sincera nadie sabe demasiado de él. Eso sí, lo más llamativo de todo, son las historias que cuentan los que han tenido el privilegio de leerlo… – continuó, mientras agitaba el libro en el aire con las manos, como si fuera una especie de varita.- En fin, compruébalo tú misma».

La joven sintió cierto malestar porque era reacia a aceptar favores, pero le pudo más la curiosidad que otra cosa, y se lo metió en el bolso, asegurándole que se lo devolvería lo antes posible. Y así fue, como esa misma noche, acurrucada en su cama y con la ténue luz de su lamparita, empezó a leer ese enigmático libro vinculado a la intriga, según parecía ser.

Cada frase le enganchaba a la siguiente; cada nuevo capítulo le hacía decirse «uno más». La historia surtió algún tipo de efecto hipnótico sobre ella, para que se sintiera incapaz de cerrar el libro, ignorando por completo el hecho de que al día siguiente tenía que madrugar.

Toda la trama ocurría en el pueblo. El protagonista era un personaje realmente peculiar, con un poder oculto que le permitía introducirse en la mente de sus habitantes, pero sólo mientras dormían. Aprovechaba los paisajes oníricos para susurrarles secretos, o abrirles los ojos ante los problemas que les inquietaban. Por desgracia, era él, con su rostro y su voz quien les hablaba en sueños, así que los rumores empezaron a correr como la pólvora. No a todos les gustaba que hiciera esas cosas, por lo que algunos vecinos le llegaron a hacer la vida insoportable. ¿Quién dijo que sólo las brujas fueron perseguidas?. Lo sobrenatural no siempre era aceptado… Finalmente, abandonó su casa para esconderse en las entrañas del bosque, pero sin renunciar a su don, que siguió ejerciendo con discreción. Tras su desaparición y con el transcurrir del tiempo, pasó a convertirse en una de esas historias increíbles que contaban los ancianos del lugar a los niños de la casa, en esas noches frías que predisponen a compartir leyendas y cuentos.

No se podía negar que el autor había dominado el arte de atrapar al lector, con su profusa imaginación y bella escritura. Seguro que si no hubiera desaparecido, ese libro habría acabado siendo un éxito editorial. Al leer la última página, sorprendida por lo mucho que le había gustado, le sobrevino el agotamiento, y sus párpados se cerraron de inmediato.

Al caer dormida, un sueño muy real cobró vida.

Era ella quien se adentraba en el bosque. Sentía frío y desolación, una muy parecida a la que había sentido en su niñez.

Muy acorde con ese panorama surrealista, iba vestida de otra época, lo que la obligaba a caminar despacio porque con la oscuridad de la noche, se enganchaba a las ramas que le provocaban jirones en el vestido.

Su salvación pareció llegar en forma de casona antigua. La puerta entreabierta le hablaba de refugio, pero al entrar un escalofrío le recorrió la espalda, porque la sintió tan tenebrosa como el propio bosque. Agotada, se dejó caer en mitad del pasillo, sin saber a dónde ir o qué más hacer. El sonido de unos pasos que se aproximaban, la sobresaltaron aún más…

Un joven, que encajaba con la descripción del protagonista del misterioso libro, se acercaba a ella con actitud tranquilizadora.
Tan pragmática como era Teresa, hasta dormida dudó de todo aquello, y se sintió como una tarada al iniciar una conversación con el personaje de un libro, o quizás el escritor fallecido. En su mente dormida un pequeño halo de raciocinio le recordó que aquello no era más que un sueño, porque ella no creía en la magia…

Entonces, él, como si le adivinara el pensamiento le confirmó que no estaba en ninguna casa en el bosque, si no que permanecía dormida en su cama, pero que no olvidara que la mente creaba su propia fantasía para mostrarnos la verdad.

«La oscuridad real que te atemoriza» -sentenció- «es la de su alma, que permanece vacía por los daños sufridos en tu infancia.» Empezó a darle vueltas al iluminado globo terráqueo, que llevaba en la mano, para explicarle que daba igual al lugar que viajase, no podría huir del dolor que permanecía dormido en ella. «Debes detenerte a sanar a la niña que tanto sufrió».

Y entonces pudo verla, ¡pudo verse!.
No era la de sus recuerdos, si no la que debió ser, una niña feliz. Se vio entre luciérnagas que apagaban la noche con su luz. Se vio entre hadas que le hablaban de ilusiones. Se vio soñando con la magia de una imaginación sana que se divierte. Se vio entre buena gente, la del lado blanco de la vida, y eso era lo importante, porque si se lo permitía, podría pasar página…

Y al despertar lo supo: escaparse de uno mismo no es posible. Repararía el dolor de la niña que fue para devolverle su sonrisa robada. Se daba cuenta que, gracias a algo tan simple como un sueño, o tan poco simple como un libro mágico, había encontrado esa fantasía de la que tanto se habla, y gracias a la cual, había abierto los ojos.

Cuando al día siguiente le devolvió el libro a la amable señora, quiso contarle lo sucedido, pero ella se limitó a interrumpirle enigmática:

«Querida, quédate con lo que has aprendido, y recuerda que lo que cuenta en esta vida es intentar ser feliz».
¡NUNCA PERDAMOS LA MAGIA!

Fotografías. Imagen 1, 2, 7 y 8 de Enrique Meseguer. Imagen 3 y 10 The Pixelman – Imagen 4 Michael Drummond – Imagen 5 Michal Jarmolule – Imagen 6 Charnchai Saehang – Imagen 9 Rondell Melling – todo a través Pixabay.

Tenía esta «Gota de ficción» preparada para publicar, que espero que os haya gustado. Pero no puedo acabar sin dejar por escrito mi recuerdo para la madre de mi querida amiga Eva. Hoy tenemos un ángel más en el cielo. DEP.

¡Hasta el próximo Post!

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